lunes

Casa Mino

Sidrería Mino, exterior Aunque podríamos utilizar diversas denominaciones para referirnos a esta casa de comidas (de hecho, tal y como se puede observar en la fotografía, en el toldo aparece «bar» y «restaurante»), creemos que lo más apropiado es denominarla  Sidrería Mino o Casa Mino que es como se la ha conocido durante décadas: una sidrería tradicional, de las de toda la vida, convertida en uno de los puntos de encuentro habitual para la gente de Pola.

Situada en una tranquila plaza del centro de la villa, ajena a la circulación rodada y con amplio espacio para solaz de los más pequeños, su terraza es lugar privilegiado para tomar tranquilamente unas botellas de sidra acompañadas de unas raciones.
 


logo casa comidas

Sidrería Mino  
Plaza del Mercao, 9-10 Pola de Lena (ver mapa)
Teléfono: 985 491 872




Para que la oferta sea completa, además de la terraza y de la sidrería, cuenta con un acogedor comedor en un local anejo: el lugar ideal para quienes quieran comer en un ambiente más relajado.

Detalle del interior de la sidrería Panel de fotografías que decoran una de las paredes
Una vez acomodados y tras echar un vistazo a nuestro alrededor, lo que toca es decidir qué vamos a comer. Nuestra primera opción fue la de las raciones, esa especie de menú degustación que nos permite probar varias cosas compartiendo. A saber: Patatas tres salsas, Calamares, Pastel de cabracho, Escalopines al cabrales, Callos, Langostinos flambeados, revueltos varios... En cuanto a la carta, cumple todas las expectativas: Bacalao o Merluza a la cazuela, para los del pescado; Chuletón, Pitu de caleya o Caldereta de Cordero, para quienes prefieren carne. 


Vista de una cazuela con pote
Ya estábamos decididos cuando se nos ocurrió preguntar por el Menú. Y ahí se acabaron todas las dudas.


Plato de fabada

De primero: Fabada o Pote. A cual mejor. En  cuanto a los segundos, Caldereta de cordero o Gallo a la plancha: uno de carne y otro de pescado, para atender a todos los gustos.


Gallo a la plancha Caldereta de cordero
Luego vinieron los postres, deliciosos; el café... y la sobremesa.

Anotado queda: un buen lugar para comer en Pola de Lena. Que lo disfrutéis.



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OTROS ENLACES REFERIDOS A GASTRONOMÍA



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domingo

Candás, ventana al mar

Cándás, vista general
Candás es la capital del concejo de Carreño, que está situado en la franja costera central de la región. Costera, marinera, pescadora:  la  historia de la villa candasina rezuma mar en todas sus páginas, impregnada como está de Nordés y de salitre, de adioses y de reencuentros, de galernas y de pescado,  de lágrimas y de abrazos. Y es que desde los albores de la población, desde que se tienen las primeras noticias de su existencia, allá en los inicios del siglo X, su economía ha estado íntimamente ligada a la actividad pesquera (a la de la ballena primero; a la del bonito, besugo y sardina, después) y a la elaboración de conservas, escabeches y salazones de pescado.

Y todo eso lo nota el visitante nada más que pone sus pies en la zona del muelle, ataviado como está con algunos vestigios que rememoran ese pasado. Allí se encuentra, por ejemplo, La Farola, nombre con el que se conoce al faro instalado en 1903 en las proximidades de la playa de La Palmera y que sirvió de guía a las embarcaciones, hasta que en 1917 entró en funcionamiento el situado en el cabo de San Antonio.  No muy lejos  se ubica la emblemática Marinera, obra del escultor candasín Antonio Rodríguez García, Antón, (1912-1937).

Marinera, escultura de Antón Candás, La farola

Si desde el muelle echamos una mirada a las edificaciones que se alzan ante nosotros, nos haremos una buena composición del lugar. Candás se abre al mar entre dos promontorios: a nuestra derecha el de San Antonio, a la izquierda el Monte Fuxa.  El caserío se ha ido acomodando al espacio útil que ha quedado entre ambos, articulándose en torno a la curvilínea calle ascendente, convertida en arteria vital que comunica el entramado de la villa con el mar.

Viviendas al pie del Monte Fuxa Vista del cabo San Antonio desde el muelle

Si tomamos esa calle que se adentra en la población, podremos contemplar algunas edificaciones singulares, como la conocida como Casa Genarín, un edificio construido en los primeros años del siglo XX por iniciativa de Genaro Velasco, hijo de pescador que labró su fortuna en Cuba, que fue adquirido por el Ayuntamiento de Carreño para convertirse en la nueva Casa Consistorial.

Casa Genarín, sede del Ayuntamiento de Carreño
No lejos del edificio consistorial se encuentra la casona de los Estrada-Nora, un edificio de finales del siglo XVIII, también conocido como Casa Valdés-Pumarino, por ser lugar de nacimiento de un hijo ilustre de la villa, Manuel González-Valdés y González Tuñón, más conocido como Valdés Pumarino por ser éstos los apellidos de su abuela paterna, político que fue diputado a Cortes, presidente de la Diputación y alcalde de Carreño. Tras ser adquirido y rehabilitado por el Ayuntamiento, actualmente es la sede del Centro de Escultura de Candás «Museo Antón».

Casa Valdés-Pumarino, sede del Museo Antón

Camino de la iglesia parroquial nos encontramos con otras dos edificaciones singulares. A nuestra derecha, la Casa rectoral, un edificio de estilo tradicional asturiano construido a finales del siglo XVIII o principios del XIX. Al otro lado de la calle, la conocida como Casa de los Alau, construida en la primera década del siglo XX y que actualmente es la sede de la biblioteca municipal.

Casa rectoral, edificio de fines del XVIII Casa rectoral, edificio de fines del XVIII
Bien está todo lo que llevamos visto, pero ¿dónde encontramos muestras de ese pasado pescador y marinero del que hablábamos al principio? Pues... si nos referimos a huellas más o menos tangibles, poca cosa queda. Y es que,  reducida la actividad pesquera a la mínima expresión, desmantelada la industria conservera a lo largo de las pasadas décadas y activada la piqueta demoledora, especialmente destructiva en los años sesenta y setenta del pasado siglo, habría que afirmar que el Candás marinero y pescador el algo más intangible, más etéreo. Lo encontramos, por ejemplo,  en el monumento dedicado al Pleito de los Delfines, obra del escultor Vicente Santarúa inspirada en una querella presentada en el siglo XVII por  los pescadores candasinos contra los delfines, a los que acusaban de romper sus redes, privándoles de la pesca. El obispo tomó en consideración la queja, de suerte tal que no sólo censuró a los delfines, sino que mandó  a un notario a alta mar para que comunicase en voz alta a los infractores las censuras y para que les conminase a apartarse de aquellos mares.

Iglesia de San Félix Imagen del Cristo de Candás
  También en el Cristo de Candás, una imagen recatada de las aguas por un barco de pescadores candasinos frente a las costas de Irlanda en el siglo XVI y que en la actualidad se encuentra en una pequeña capilla (El Camarín del Cristo) situada en el piso superior de la iglesia parroquial. Es lugar muy visitado, el segundo entre los santuarios asturianos en Asturias tan sólo por detrás del de Covadonga, según se dice, y ello a pesar que tanto la imagen como la propia iglesia son reconstrucciones, pues las originales fueron destruidas durante la Guerra Civil.

Otra muestra más de la intensa relación de la villa con el mar, la encontramos en el parque de Les Conserveres, sito en el solar que ocupó la  fábrica de conservas Francisco Alfageme. Alli, en el antiguo aljibe, se encuentra una exposición permanente dedicada a la industria conservera de Candás.


Mural titulado Barcas, obra de Alberto Moreno

También en el Festival de la sardina, que se celebra el 1 de agosto, coincidiendo con las fiestas de San Félix. Ese día la villa se llena de gente para degustar miles y miles de raciones de esta apreciada especie.

Y en las fiestas de septiembre, en las del Cristo, convertido en patrón de Candás y de todas las cofradías de pescadores de Asturias. El día grande, comienza temprano. En la madrugada del día 14 se celebra la Alborada interoceánica, organizada por la Cofradía del Alba para homenajear a los hombres de la mar. Durante el acto se deposita agua de los cinco océanos en las proximidades de La farola, convertida de esta forma en Templo de los océanos, símbolo de hermandad de la gente de la mar.

Y en los paseos por el muelle.

Y por el camino que lleva hacia el faro.

Y en las pinturas y murales del Museo al aire libre, que hablan de ese rico pasado desde los muros y fachadas de la villa.


Y...


Vista del mural Estrella de los mares




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Otros lugares de interés

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lunes

Pico Priena

vista del pico Priena desde Covadonga Aunque quizás muchos no lo identifiquen por su nombre, el Priena es uno de los picos más conocidos de Asturias, al menos uno de los más contemplados, pues su silueta enmarca por el noreste  el lugar que según todas las encuestas es el  más visitado de Asturias: Covadonga

Sí, es ese monte, tapizado de verde y roca, que tiene en su cima una cruz de tamaño suficiente para ser vista desde la explanada que se abre ante la basílica, razón suficiente para que muchos lo conozcan como La Cruz de Priena, por más que tan sólo lleve allí instalada unas cuantas décadas y que el monte ya fuera Priena mucho antes de que la cruz  lo coronara.   

En fin, lo que interesa es que la ascensión al Priena nos brinda la oportunidad de ir disfrutando de distintas perspectivas de Covadonga y, una vez alcanzada la cima, de un vasto horizonte de montañas: al sur, casi al alcance de la mano, el macizo del Cornión, el más occidental de los Picos de Europa, y al norte, las sierras del Cuera y del Sueve.
 
Características
  • Tipo: lineal (ascensión)
  • Dificultad: ▲▲▲▲▲
  • Desnivel: 585 metros
  • Distancia:  alrededor de 7 kilómetros
  • Duración: unas tres horas y media

Situación y distancias

Distancias por carretera a Cangas de Onís, capital del concejo del mismo nombre



Cangas de Onís, situación y distancias
Pulsa en la imagen para aumentar su tamaño


Cómo llegar al punto de partida

Vista del sendero que asciende al pico PrienaEl inicio del sendero que asciende al  pico Priena se encuentra a la izquierda de la carretera que conduce a Covadonga, poco antes de la zona donde se ubican los merenderos. Así que podemos dejar el vehículo en las proximidades de la basílica y luego ir bajando o dejarlo en las proximidades del alojamiento rural denominado Casa Asprón, pues allí podemos iniciar la ruta.
En realidad no son uno, sino dos los senderos por los que podemos ascender: uno, situado un poco más arriba, está señalizado; el otro, sin señalizar, se encuentra enfrente del citado establecimiento hotelero.

En cualquier caso, no hay problema, tomemos el que tomemos acertamos, pues los dos van venciendo el desnivel por similar zona boscosa y no tardan en encontrarse para fundirse luego en uno, que será el que nos conducirá sin pérdida hasta la cima.

Tramo inicial del sendero Tramo inicial boscoso en el ascenso al pico Priena
Iniciamos, ciertamente, la caminata por una zona umbría, por las proximidades de una riega, la de Gusana. Y en días soleados se agradece esta verde protección que pronto echaremos de menos, pues no tardaremos en llegar a un tramo, en el cual la ladera se muestra casi desnuda. Ansiosa espera el momento en que pueda cubrirse con la sombra de los nuevos árboles que crecen al borde mismo de cicatriz que dibuja el sendero, tan visible, por cierto, como la cruz de su cima.

Vista de Covadonga desde el sendero
Tras las iniciales vueltas y revueltas que se dibujan en la denominada Cuesta Ginés, aparecen ante nosotros las primeras panorámicas del emblemático lugar. La basílica, la cueva o la colegiata se muestran a nuestros ojos con otro aspecto. ¡Cómo cambian las cosas cuando las ves con nueva perspectiva!

Roble a la vera del sendero Vista de un tramo boscoso en la ascensión al Priena
Nuevas ocasiones tendremos de ver el conjunto desde más altura. De momento vamos ascendiendo, haciendo coincidir las paradas con la esporádica presencia de algún que otro roble bajo cuya sombra nos tomamos un respiro que aprovechamos para disfrutar de todo cuanto se muestra ante nosotros y también para echar un vistazo hacia arriba, a la cima. Ya vemos más cerca la silueta de los buitres que la sobrevuelan. Pronto dejaremos de estar desprotegidos, pues el sendero no tarda en adentrarse por una nueva zona boscosa poblada de arces y hayas.

Una vez fuera del bosque, nos topamos con un nuevo escenario: el perfil de nuevas montañas se adueña del paisaje.

Vista hacia el sur nada más salir de la zona boscosa
Otro giro más y a nuestra izquierda aparece bien marcado un ancho camino que se abre paso entre los helechos buscando una zona rocosa. Ya queda menos. Tras una nueva vuelta vemos la gran cruz que anuncia el final de la ascensión.

Vista desde la cima del Priena
Una vez en la cima toca disfrutar sin prisa de todo lo que desde  allí contemplamos. ¡Cuánto por tan poco!

Vista de Corao desde la cima del Priena

Si el Cornión y Covadonga fueron los protagonistas del paisaje durante la ascensión, ahora ya podemos contemplar todo lo que se encuentra en la vertiente norte del pico. Uno de los primeros lugares que reconocemos es Corao, y al hacerlo no podemos menos de acordarnos de Frasinelli, intentando dibujar el itinerario que seguiría habitualmente para llegar a Covadanga.

Vista de la sierra de Escapa desde el Priena

Girando un poco la mirada vemos la silueta de la sierra de Escapa y, más a la derecha, la del pico Mofrechu, de cuya ascensión ya hemos dado cuenta tiempo atrás.

Vista desde la cima del Priena
Asomándonos un poco a la pared sur, contemplamos a vista de pájaro, la de esos buitres que frecuentan estos lares, panorámicas de Covadonga que sólo se pueden disfrutar desde aquí. Y hacia el sur, el horizonte quebrado por las rocosas crestas de los Picos.

Vista desde la cima del Priena

Lo dicho, ¡cuánto por tan poco! La ascensión al pico Priena, situado a tan sólo 725 metros de altitud, merece la pena.

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Casa Antón

Cuerres, Casa Antón, exterior La de Casa Antón es una opción segura: cocina casera, sin estridencias, a precio razonable y en un ambiente de lo más acogedor. Para tener bien presente a la hora de comer en la zona de Ribadesella.

Esta casa de comidas se encuentra en Cuerres, una pequeña localidad riosellana que ha conseguido mantener su tranquila belleza a pesar de estar cerca de los principales puntos de atracción turística de la zona (playas, montaña, piraguas, costa, bufones, río, acantilados...). También del Camino de Santiago que por aquí pasa. Y de camino y caminantes saben mucho en Casa Antón, pues llevan dando de comer desde hace más de un siglo a quienes, por una u otra razón, hasta aquí se acercan. Los primeros en hacerlo fueron Pepa y Antonio, que abrieron el establecimiento. En la actualidad, cuatro generaciones después, otro Antonio, biznieto del primero, es el encargado de mantener el buen nombre de la casa.


logo casa comidas

Casa Antón  
Cuerres, Ribadesella (ver mapa)
Teléfono: 985 857 076



Todo está pensado para satisfacer al comensal. Empecemos por el local, cuyo aspecto exterior es toda una invitación: piedra y madera son elementos que funcionan bien. El interior –más piedra, más madera– se distribuye en varios espacios, entre los que destaca la terraza, pues aquí es la propia roca la que se aprovecha como pared. El escenario resulta acogedor.

Casa Antón, terraza
Lo mismo sucede en el comedor: un espacio amplio, diáfano, de techos altos y amplios ventanales, en el que la madera, la luz y la piedra son protagonistas. Las mesas están lo suficientemente separadas para que nadie se sienta agobiado. Bien por el escenario. Vayamos ahora al meollo del asunto que nos ha traído hasta aquí.

Casa Antón, comedor
A la hora de elegir los comensales cuentan con varias opciones. Incluso con platos combinados, lo cual habla bien a las claras del interés por complacer a la amplia diversidad de caminantes que hasta aquí se llegan. En cuanto a las raciones: propuestas para todos los gustos, entre las que no faltan algunas con claro sabor asturiano, como Pantrucu (una especie de morcilla originaria del oriente de Asturias, donde y dependiendo de la zona se prepara de forma diferente dando lugar al boronchu, probe, emberzao o fariñón), Fritos de pixín, Tortos con picadillo y huevos, Chorizo a la sidra, Ensalada de quesos asturianos, Patatas al cabrales...


Casa Antón, Cuerres, Marmitaco de bonito
No falta tampoco la opción del Menú del día, en donde puedes encontrar platos de cuchara como una buena Fabada  servida en cazuela de barro o un sabroso Marmitaco de bonito, que, cucharón mediante, pronto llegó a su destino. 

En resumen, un lugar agradable donde se puede disfrutar de una buena comida.

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viernes

Colombres

Vista de una calle de ColombresColombres es la capital del concejo de Ribadedeva, que está situado en el borde oriental de Asturias, allí donde las asturianas se unen con las tierras cántabras.

Con una población que no llega al millar de habitantes, es una villa pequeña y tranquila impregnada de historias que hablan de viajes, de ilusión, de aventuras; de esfuerzo, de tesón y de fortuna; de sagas familiares que arraigaron en Méjico, en Puerto Rico, en Cuba... Historias de emigrantes, más conocidos por indianos, que el visitante encontrará a la vuelta de cualquier esquina y de forma muy evidente en la plaza, símbolo de la transformación de la pequeña aldea rural en toda una villa.

Este proceso de modernización tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX por iniciativa de los indianos del lugar, dotando a la localidad de escuelas, de un hospital asilo y de otros servicios,  impensables por entonces en una pequeña localidad como ésta. Tal fue el caso de la escuela de comercio o de la red de abastecimiento de aguas puesta en marcha en 1892, cuando tan sólo disponían de ella en Asturias algunos de los núcleos urbanos más poblados.


Ayuntamiento de Colombres

Ayuntamiento
Fue el indiano Manuel Ibáñez Posada, convertido en el primer Conde de Ribadedeva tras haber hecho fortuna en Méjico como empresario textil y banquero,  el promotor de esta plaza ovalada que proyectó el arquitecto Pérez de la Riva en 1895, quien también se hizo cargo del diseño del edificio del Ayuntamiento cuya construcción quedó rematada en 1901. El pueblo, agradecido, encargó un monumento al benefactor. Desde entonces la imagen en bronce del señor Ibáñez Posada mira de frente la fachada principal de la Casa Consistorial, sus arcos sobre pilares, su balcón rematado por el pequeño frontón.
 

Colombres, iglesia parroquial

Iglesia parroquial de Santa María 
A su espalda, al otro lado de la espléndida plaza que fuera iluminada por treinta farolas de fundición y sombreada por frondosos plátanos, se encuentra el edificio de la iglesia parroquial, una construcción de principios del siglo XVII que a finales del XIX fue sometida a algunas reformas, como la que con dinero indiano llevó a cabo el arquitecto Darío de Regoyos Molenillo, quien modificó el aspecto de la fachada con un nuevo remate de las torres.

Colombres, casa con corredor Colombres, casa con patio

A finales del siglo XIX nuevos edificios se alzarán al lado mismo de las construcciones tradicionales, de aquellas viviendas con huerta, con corredor, con cuadra, que habían sido morada de quienes ahora regresaban a pasar los veranos o a disfrutar de una placentera vejez en su terruño natal.

Colombres, casa de Íñigo Noriega Mendoza
La Casona
Íñigo Noriega Mendoza fue uno de los primeros emigrantes a México que decidió regresar al escenario de sus orígenes y aquí mandó construir su nueva casa en 1877, convirtiéndose de esta forma en la primera de las indianas que se construyeron en Colombres. Se trata de un edificio de grandes dimensiones (de ahí el nombre por el que era conocida), que muestra simétrica sencillez en la fachada que da a la calle y amplia galería de madera en la posterior.


Colombres, Las casas gemelas
Las Casas Gemelas
Este edificio fue construido a finales del siglo XIX por encargo de Florencio Noriega. Del exterior, dominado por la sobriedad decorativa, llaman la atención las dos buhardillas que interrumpen la línea del prominente alero. En la parte posterior se habilitó un jardín adaptado a la pendiente del terreno en que está situado.


Colombres, Quinta Buenavista
Quinta Buenavista
También de finales del XIX es esta casona mandada construir por Luis Caso Rodríguez, tras retornar enriquecido de la isla de Cuba. Rodeado por un extenso jardín y flanqueado por dos grandes palmeras, el edificio conserva las fachadas originales. En la que mira al mediodía destacan los dos balcones, cerrado el situado en el primer piso, abierto el del piso superior.

Colombres, La casa de las palmeras Colombres, Casa del león

La Quinta Buenavista es un tanto singular entre las casas de indianos de Colombres ya que, a diferencia de lo que ha sucedido a la mayoría, es de las pocas, sino la única, que está habitada durante todo el año; además, sigue siendo propiedad de la familia de quien encargó su construcción. El propietario actual, nieto de Luis Caso Rodríguez, no sólo conserva y cuida esta casona centenaria, en la que reside, sino también, desde que hace unos años la adquiriera, la conocida como Casa de Las Palmeras, que también fue propiedad de la familia.
El destino del resto de casonas (Villa Vicenta, Quinta Guadalupe, La Solana, La Casa del León, La Casa Roja...) que el visitante puede encontrar siguiendo la huella de los indianos en Colombres, ha sido la de perder su carácter primigenio de vivienda para procurar su pervivencia convertidas en museo, albergue o residencia de ancianos.
Colombres, La Solana

Lo cierto es que la villa de Colombres atesora una buena nómina de edificaciones de la denominada «arquitectura indiana», también de un conjunto excepcional de equipamientos públicos construidos por iniciativa de emigrantes hijos de la tierra, razones que explican que fuera declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico. Si es a los indianos (a Manuel Ibáñez Posada y a su hermano Luis –uno de los fundadores del Banco Hispanoamericano–; Colombres, Villa Vicentaa Ulpiano Cuervo, propietario de La Solana y promotor del hospital asilo; a los Íñigo Noriega, tanto Mendoza como Laso; a Víctor Sánchez Escalante, a Luis Caso Rodríguez, a Florencio Noriega...), no deberíamos olvidarnos del maestro de obras Manuel Posada Noriega, quien tuvo un papel fundamental en la transformación de la villa como constructor de buena parte de las casonas que ahora contemplamos. Su parentesco con el conde de Ribadedeva le facilitó los primeros encargos; su buen hacer, le proporcionó los siguientes, tanto aquí como en otras partes de la comarca. Y no sólo construyó viviendas, también carreteras, puentes... y el cementerio de Colombres. Y no sólo lo hizo por encargo de otros, también construyó su propia vivienda, Villa Vicenta que levantó en los años veinte y que hoy se conserva en pie, aunque hoy se la conoce como El Cantu y está destinada a albergue.

Colombres, quinta Guadalupe
Para terminar el recorrido siguiendo la huella que los indianos han dejado en Colombres, nada mejor que volver a la plaza y dirigirnos a la más imponente de todas las casonas del lugar: la Quinta Guadalupe, mandada construir a principios del siglo XX por Íñígo Mendoza Laso, conocido por algunos como el Segundo Conquistador de México, habida cuenta del poder que en aquel país alcanzó este indiano oriundo de la villa.
Como quiera que el edificio es en la actualidad sede de la Fundación Archivo de Indianos y acoge en su interior el Museo de la Emigración (☞), su visita resulta obligada para completar todo lo que ya sabemos acerca de los indianos.


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