martes

Pajares

Lena, Pajares, vista generalPajares es una villa del concejo de Lena, que sabe mucho de viajes y caminantes. No en vano está situada a pocos kilómetros del puerto del mismo nombre, uno de los pasos más utilizados entre Asturias y León. Desde antiguo han usado ese punto estratégico los carreteros con sus mercaderías; también los peregrinos que, como desvío obligado del Camino, acudían a la catedral de San Salvador en Oviedo («quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y deja al Señor»).
Para unos y para otros Pajares era lugar de referencia, parada obligada,  en la inclemente travesía, pues allí encontraban fondas y mesones, incluso un hospital de peregrinos, que contaba con servicios de hospedaje y atención. 

Lena, Puerto de Pajares, parador Lena, Puerto de Pajares, túnel
Unos kilómetros más arriba se encuentra el puerto: lugar de extraordinaria belleza dominado por el recortado perfil de colosales montañas, entre las que destaca el macizo de las Ubiñas. Desde el alto también se puede observar algún que otro túnel de los que atraviesa el sinuoso itinerario del ferrocarril. Bellos parajes que nos brindan los casi mil cuatrocientos metros de altura del lugar,  los mismos que explican los largos inviernos que nutren las verdes laderas y los casi perpetuos neveros, por más que se diga que los de ahora no son los más crudos que se recuerdan.

Lena, Puerto de Pajares, vista hacia el oeste

Frío más o menos intenso, densas nieblas, nevadas o ventiscas: ése es el escenario que en los largos inviernos de la Cordillera se pueden encontrar quienes franquean la famosa puerta que une las tierras leonesas y asturianas. Si las inclemencias del tiempo pueden deparar grandes dificultades al transeúnte contemporáneo, qué no sucedería a quienes en el pasado se aventuraban a transitar por estos parajes a pie, en carreta o lomos de una caballería.

Lena, Pajares, vista carretera Lena, Pajares, casas al borde de la carretera
Era entonces, en los momentos en que más arrecia el temporal, cuando la villa de Pajares se convertía en providencial refugio para el viajero, parada y fonda obligada hasta que la tormenta amainara y el camino quedara de nuevo abierto.
De esta secular dedicación a cuantos por aquí pasaban —primero por el camino, más tarde por la carretera— han quedado huellas bien visibles en el caserío, pues consta que algunos de los edificios que hoy se mantienen en pie sirvieron en otro tiempo para dar cobijo al transeúnte.

Lena, Pajares, hórreo
Hoy, que ya no es obligado el paso por el puerto al existir una autopista alternativa, la villa de Pajares sigue siendo un lugar de recomendable parada, pues el que tan sólo la atraviesa, subiendo o bajando por la carretera, por muchas veces que lo haya hecho, no habrá tenido ocasión de disfrutar con sosiego de lo que en sus calles se halla y desde sus calles se divisa.

Lena, Pajares, arquitectura popular Lena, Pajares, arquitectura popular
Pues aunque en su calle más transitada se encuentran algunos edificios singulares como el conocido como El Portalgo (lugar donde se cobraba el impuesto o portazgo que gravaba el tránsito de mercancías), otros hay no menos interesantes en las calles paralelas.  

Lena, Pajares, vivienda Lena,Pajares,La Casa de los Pidal
De hecho es en el conjunto de las bien conservadas viviendas donde se encuentra el principal atractivo de la villa. Los más son edificios de  pétreas fachadas y buen porte. Uno hay que merece mayor detenimiento:  es el conocido como Casa de los Pidal, vivienda que fue de la familia integrada por Juan Menéndez —magistrado y natural del mismo Pajares—, de Ramona Pidal —originaria de Villaviciosa e integrante de la conocida e influyente saga— y de sus tres hijos: Luis —afamado y laureado pintor, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando—, Juan —prestigioso historiador que fue director del Archivo Histórico Nacional, al tiempo que periodista y poeta lírico—  y Ramón  —catedrático de Filología Románica de la Universidad de Madrid,  miembro de la Generación del 98, director de la Real Academia y reputado medievalista—. Aunque, por los cambios de residencia a que obligaban los destinos del padre,  no todos los hijos nacieron en Pajares, sí que fue la casa familiar el lugar donde los Menéndez Pidal pasaron los largos veranos de su infancia y juventud, como para Ramón atestigua  la placa colocada en la fachada.  

Lena,Pajares,iglesia de San Miguel Lena,Pajares,iglesia de San Miguel
Lena, Pajares, iglesia de San Miguel
No lejos de allí el paseante encuentra la iglesia parroquial de San Miguel, edificio reedificado en el año 1861 que si bien no destaca por su interés arquitectónico, sí que cuenta con una característica envidiable: la que le concede su privilegiada situación.

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domingo

Por el valle de La Barca (a caballo)

Cudillero, río Uncín El de Cudillero es un concejo de gran atractivo tanto para los asturianos como para quienes visitan nuestra región. Razones no les faltan, pues a la existencia del pixueto, dialecto del asturiano que sólo se habla en la zona, une la de ser tierra de vaqueiros, un grupo social  cuya principal actividad es la ganadería  trashumante y que ha desarrollado una cultura peculiar que hunde sus raíces en tiempos inmemoriales. Por si ello fuera poco, estas tierras han sido agraciadas por la Naturaleza, pues si al interior cuenta con alomadas montañas de suaves y verdes pendientes arboladas salpicadas de brañas, donde se alimenta libremente el ganado; en la costa se localizan una veintena de playas de muy diversas formas, algunas de ellas de belleza renombrada (Concha de Artedo, San Pedro, Aguilar, Ballina o la playa del Silencio, a la cual  hemos dedicado un artículo).

Nosotros, al igual que les sucederá a todos cuantos  hayan recorrido las diferentes rutas y senderos dibujadas en esta tierra de Cudillero, hemos disfrutado de nuestras caminatas por el concejo (véase, por ejemplo, el artículo dedicado a la Ruta de las brañas vaqueiras). No obstante, como en esto de disfrutar Asturias no hay porqué  ser cicateros, se nos ocurrió que podría ser interesante recorrer estos paisajes a lomos de un caballo. Pensamos que aunque fueran los mismos, probablemente no se sentirían de igual manera.

Cudillero, por el Valle de La Barca, vista desde el sendero
Así que nos pusimos en contacto con Jesús Puga, un enamorado de los caballos que un día, de esto hace ya más de veinte años, decidió abandonar la ciudad para venir a Lamuño y poner en marcha  Aventuras a caballo.

Aunque Jesús organiza rutas a caballo de varias jornadas recorriendo diversas zonas de Asturias (Los Oscos, el Parque Natural de Somiedo o los Picos de Europa), a nosotros, principiantes en esto de la equitación, lo que nos interesaba era algo más corto y que tuviera por escenario  las tierras del concejo de Cudillero. Jesús nos aconsejó la ruta que ahora os vamos a comentar.

Características
  • Tipo: circular
  • Dificultad: ▲▲▲▲
  • Itinerario: La Tejera - Lamuño - Artedo - San Martín de Luiña - La Tejera
  • Señalización: sin pérdida, vamos acompañados de guía
  • Desnivel: 200 metros
  • Distancia:  alrededor de 12 kilómetros
  • Duración: unas dos horas

Situación y distancias


Distancias por carretera a Cudillero, capital del concejo del mismo nombre

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Cómo llegar al punto de partida
Cudillero,Lamuño, Aventuras a caballo
Iniciamos la ruta en Lamuño, un pueblo de la parroquia de San Martín de Luiña situado a menos de siete kilómetros de  la capital del concejo, desde donde tomaremos la autovía en dirección Luarca. Saldremos en la salida 434 y antes de llegar a Lamuño (por el que luego pasaremos pero ya a caballo), giraremos a la izquierda por la CU-6 en dirección a Salamir.   Tras recorrer unos centenares de metros, justo antes del indicador de La Tejera, se abre un camino a la izquierda que nos conduce hasta las instalaciones de Aventuras a caballo.

No hay problema a la hora de estacionar el vehículo. Bueno, ya hemos llegado.

Aventuras a caballo, caballos

A los caballos se les veía bien, pastando libremente a la sombra de los pinos. De todos ellos, he aquí los que nos habrían de acompañar en la ruta: a la izquierda Sable, un caballo once años; a la derecha, Negra, una preciosa yegua cuatro años más joven. Y antes de nada es preciso decir que uno y otra se portaron estupendamente, con lo cual pudimos disfrutar sosegadamente de todo cuanto se mostraba a nuestro paso.

Aventuras a caballo, Sable Aventuras a caballo, Negra

Tras unas explicaciones básicas sobre la manera de comunicarnos con los caballos, iniciamos el recorrido a lomos de Negra y Sable. En esta ruta contamos con lo que es toda una novedad para nosotros: no tendremos que preocuparnos de mapas, señales ni brújulas, tan sólo de seguir a Sonia, una joven aunque experimentada amazona, entusiasmada con los caballos, que ha logrado lo que muchos quisieran: trabajar en algo que le apasiona.

Aventuras a caballo, Sonia

Así que, siguiendo la montura de Sonia bordeamos el área recreativa de Monte Valsera en dirección a Lamuño, un pueblo de unos doscientos habitantes que incrementa su población en época estival por varios centenares de veraneantes que hasta aquí se llegan atraídos por lo cuidado de su caserío, el verdor de sus pinares, la proximidad al mar y a la belleza de su playa: la Concha de Artedo.

Cudillero, Lamuño Cudillero, Lamuño

Precisamente en las proximidades de la Concha, tendremos ocasión de encontrarnos con el río Uncín, protagonista de buena parte de la ruta, pues es su cauce el que discurre  por el valle de La Barca, y escenario, aguas arriba, de una de las mejores etapas del recorrido.

Tras este primer encuentro con el Uncín, la ruta toma rumbo suroeste para seguir valle arriba. No tardamos en encontrarnos con la silueta del viaducto de la Concha de Artedo, una impresionante obra de ingeniería que pugna por integrarse en el paisaje, ayudada por la admiración que despiertan sus dimensiones, tanto más impresionantes cuando, al pie de sus descomunales pilares, se echa la vista arriba.

Cudillero, viaducto de la Concha de Artedo Cudillero, viaducto de la Concha de Artedo

Precisamente bajo los pilares del viaducto, tendrá lugar nuestro gratificante reencuentro con el río Uncín. En esta ocasión no sólo lo contemplamos desde la orilla, sino que nos adentramos en sus aguas. Los caballos lo agradecen: chapotean, juegan y sacian su sed. Nosotros también disfrutamos del momento..

Con la parada no se acaban las gratas sensaciones que nos proporciona el agua y  la sombra que nos ofrece el bosque de ribera, pues continuamos nuestro paseo por el cauce durante un tiempo.

No será el único. De momento, salimos del agua y continuamos valle arriba. Atravesamos Artedo y unos minutos después tendremos ocasión de adentrarnos de nuevo en el río.

Cudillero, por el cauce del río Uncín

Cudillero, por el cauce del río Uncín Cudillero, por el cauce del río Uncín Un centenar de metros después abandonamos el cauce del Uncín y nos encaminamos hacia San Martín de Luiña. En las proximidades, cruzamos la carretera que da acceso al pueblo y tomamos un camino ascendente que nos permite contemplarlo desde la altura. Distinguimos la silueta de su iglesia parroquial, en cuyo suelo, y tal como ya contamos en La catedral de los vaqueiros, ha quedado patente la separación entre xaldos, vaqueiros y forasteros.

Cudillero, San Martín de Luiña

Seguimos ascendiendo para adentrarnos en el monte Valsera, ocupado por una extensa plantación de pinares, especie ésta que pone colofón a la sucesión de masas arbóreas que hemos atravesado a lo largo del recorrido: alisos, fresnos y sauces, en las orillas del río Uncín; castaños y algún que otro roble; eucaliptos y ahora, para finalizar, este bosque de pino marítimo.

Cudillero, pinar en el monte Valsera

Al final del bosque, cortado de tajo por la autovía que tendremos que atravesar por un paso elevado, se encuentran las instalaciones de Aventuras a caballo, punto final de nuestro apasionante paseo por el valle de La Barca.
Tras despedirnos, nos viene a la cabeza esa ruta a caballo de cuatro días al Parque Natural de Somiedo: una tentación. Quizás haya que pensar en ello.


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jueves

El chigre de Xuaquina

Langreo, La Nueva, El chigre de Xuaquina, exteriorLa verdad, es que antes de decidirnos a entrar dudamos durante unos segundos. Veréis: por un lado estaba el aspecto exterior del local que chocaba un tanto a nuestra mirada más urbanita; por el otro, la experiencia que nos recuerda que no siempre los envoltorios de acero inoxidable suponen una garantía a la hora de comer bien, que no sería la primera vez que, recorriendo los senderos y caminos de esta tierra asturiana,  nos hemos topado con algún chigre similar como única opción para comer, del cual  hemos salido alabando su comida. Al final, fue ese recuerdo de otras situaciones parecidas vividas con anterioridad lo que terminó empujándonos a entrar y sentarnos.  No nos arrepentimos: salimos satisfechos... y lo contamos. 



logo casa comidas
  
El chigre de Xuaquina  
La Nueva
Langreo (ver mapa)
Teléfono: 984 681 106



Nos sentamos primero en el comedor y más tarde en la terraza. En ambos espacios llaman la atención los innumerables objetos que cuelgan de las coloridas, y coloristas, paredes. Se trata de viejos utensilios de cocina, juguetes antiguos, maquetas de hórreos, lámparas de mina, calderos y latas... un sinfín de objetos que confieren al local un abigarrado aspecto.

Langreo, La Nueva, El chigre de Xuaquina, terraza Langreo, La Nueva, El chigre de Xuaquina, comedor interior
Como quiera que el día animara a ello, dejamos el cálido comedor interior, el cual, según más tarde pudimos saber, fue en tiempos pasados concurrida pista de baile,  y nos fuimos a la terraza posterior, mucho más fresca. En las verdes paredes cuelgan, cómo no, garcillas, potas o madreñas.

Langreo, La Nueva, El chigre de Xuaquina, Tortu al cabrales

En esta casa de comidas parece que las tareas están bien distribuidas: Milio se encarga de la decoración y Xuaquina Coto de la cocina. Bueno de toda la cocina, no pues la preparación del Cordero a la estaca es también cosa de él. 

Langreo, La Nueva, El chigre de Xuaquina, Fabada
Por lo que respecta a las viandas, la carta es corta, lo cual, a decir de los entendidos, suele ser un buen presagio: pocos platos y bien trabajados, haciendo bueno aquello de que «el que mucho abarca, poco aprieta».   

Junto al Cordero a la estaca, al cuidado de Milio, destaca el Platu mineru (tortos, huevos caseros, picadillo, adobu de lomo, patates, pimientos) y los tortos (bien al cabrales o con picadillo). Las opciones se cierran con lo que sigue: Revuelto a la asturiana, Fritos de bacalao, Chorizo a la sidra, Parrillada de carne (normal o media ración) y Calamares. En cuanto a los postres: Queso Cabrales con membrillo, Tarta de la abuela, Frixuelo relleno o Tarta de queso.

A todo ello hay que añadir la opción, nada desdeñable del menú del día. Un ejemplo: Paella mixta, Revuelto asturiano o Fabada (tentación que se vio recompensada); Pitu de caleya o Carne guisada.

En fin. Dejando a un lado la decoración, que puede gustar más o menos, resulta que la comida terminó por disipar nuestras dudas iniciales. Dicho lo cual,  tan sólo nos queda sugerir a Xuaquina y Milio que se sumen al grupo, cada vez más nutrido, de las casas de comidas que incluyen la sidra entre las bebidas que ofrecen en el menú.

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OTROS ENLACES REFERIDOS A GASTRONOMÍA



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sábado

Sietes

Villaviciosa, Sietes Mucho antes de que un conocido futbolista nacido en el lugar paseara el topónimo por los campos de fútbol de Primera División; mucho antes de que una multinacional estadounidense de la informática decidiera que aquí tuviera lugar el lanzamiento en España de un conocido sistema operativo; mucho antes, en fin, de que la tertulia cultural El Garrapiellu señalizara la ruta Gijón-Covadonga; mucho antes de todo eso, Sietes, una pequeña localidad de la parroquia maliayesa de Vallés, ya estaba al pie del camino. Del camino a Covadonga  o, mejor dicho, de uno de los caminos utilizados desde tiempo inmemorial para llegar hasta el emblemático lugar. Y debió de tener su importancia como lugar de parada y descanso a tenor del patrimonio arquitectónico que conserva.

Villaviciosa, Sietes, iglesia de San Emeterio
Lo primero que llama la atención de quien hasta aquí se acerca es su iglesia, y lo hace por su monumentalidad y belleza. Toda una sorpresa. Además, el edificio es  de estilo renacentista, no muy abundante en la región, lo cual acrecienta el interés de los sorprendidos visitantes.

Si nos fijamos con cierto detenimiento en la portada meridional encontraremos algunos elementos significativos. En primer lugar, el bajorrelieve del frontón, donde se representa una escena del Nacimiento. En su base, un friso con cabezas de ángeles. Un poco más abajo, al lado de cada uno de los dos capiteles corintios que rematan las dos columnas de la portada, aparece una inscripción que nos ilumina un poco más acerca de su historia.

Villaviciosa, Sietes, iglesia de San Emeterio, portada lateral Villaviciosa, Sietes, iglesia de San Emeterio, frontón sobre la puerta lateral

La iglesia de San Emeterio fue construida en el año 1555 por iniciativa de un bachiller de nombre Fernando, al que algunos apellidan Juárez [del Canto] y otros Suárez [de los Corrales]. Lo que sí parece claro es que su función era la de servir de capilla funeraria para albergar los restos del fundador. Fue años más tarde cuando, a petición de los vecinos, se convirtió en iglesia, hijuela o subordinada de la parroquial  de Vallés. 

Villaviciosa, Sietes, iglesia de San Emeterio, detalle
Acostumbrada la retina a los verdes ondulados, a las pomaradas y praderías, se rinde, sorprendida, a la altura y suntuosidad de la capilla.  Si lo que pretendía el tal bachiller era hacer patente su poder y su riqueza, queda claro que lo consiguió. Y los caminantes, los de entonces y de los de ahora, han de reconocer la belleza de la obra.

Villaviciosa, Sietes, hórreos
Con todo, no es la iglesia de San Emeterio el único atractivo de esta localidad, pues Sietes, que no cuenta con palacios ni con casonas blasonadas, conserva una buena muestra de hórreos y paneras.

Villaviciosa, Sietes, hórreos Villaviciosa, Sietes, hórreos
Esos hórreos y paneras, algunos de ellos centenarios, que los hay de los siglos XVI y XVII, son una muestra de un pasado con mucha más actividad, con muchos más vecinos. Si actualmente son menos de cien los vecinos de Sietes, hace apenas unas décadas eran bastantes más. Y en la localidad hubo un casino, con consultorio y vivienda para el médico, así como un salón de bailes, y escuelas, y cementerio. La emigración, primero a América, y luego a Oviedo y Gijón, se fue llevando a la gente. Ahora queda la capilla del bachiller, convertida en iglesia, y los hórreos centenarios que siguen ahí, al pie del camino.


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viernes

Foces del río Pendón

Nava, Foces del Pendón Las foces, que es como en Asturias se conocen las estrechuras entre montañas o desfiladeros, suelen ser paisajes con un gran atractivo. Lo escarpado de las elevadas paredes entre las que se ha abierto el angosto paso, aprovechado las más de las veces por una corriente de agua que se abre camino por la oquedad, suele atrapar con entusiasmo la humana mirada. Ejemplos ya hemos mostrado en este espacio que prueban bien lo que decimos. Las foces del río Pendón no les va a la zaga en cuanto a belleza. Cuenta con estrechura, con escarpadas montañas, con agua cristalina... Por tener, tiene hasta diversidad de paisajes, y el caminante que recorre la ruta que aquí mostramos pasa, al menos, por cuatro escenarios bien diferentes.


Características
  • Tipo: circular
  • Dificultad: ▲▲▲▲▲
  • Itinerario: Fuensanta - Los Fornos - Puente Pendón - La Canal - Mayau Pastor - Fuensanta
  • Señalización: buena
  • Sendero homologado: PR AS-45
  • Desnivel: 350 metros
  • Distancia:  alrededor de 10´5 kilómetros
  • Duración: unas cuatro horas

Situación y distancias


Distancias por carretera a Nava, capital del concejo del mismo nombre

Nava, situación y distancias



Cómo llegar al punto de partida
Nava, Fuensanta, inicio ruta Foces del Pendón

Iniciamos la ruta en Fuensanta, localidad situada a poco más de tres kilómetros de la capital del concejo, distancia que recorreremos en unos  seis minutos por la carretera NA-1. Una vez allí, nos encaminaremos hacia el centenario balneario, convertido hoy en una planta embotelladora de agua mineral,  para estacionar el vehículo en las inmediaciones. No queda más que cruzar el puente sobre el río Pendón y acercarnos hasta el cruce de caminos para tomar el que sigue un sentido ascendente. Para que no haya ninguna duda, allí mismo encontraremos un indicador que nos confirmará que estamos en el sendero PR AS-45, el que queremos recorrer.

Nava, Foces del Pendón
Nos adentramos por buen camino, en tramos cementado, que nos conducirá por un frondoso paraje poblado de castaños centenarios hasta el collau Los Fornos.

Nava, Foces del Pendón, Los Fornos

Al llegar a una caseta con abrevadero, podemos dar por concluida la primera parte del sendero. Allí mismo, en la verde campera que se abre ante nosotros,  contemplamos todo el esplendor del desfiladero: allá abajo, por la estrechura, bajan las aguas del río Pendón, también conocido en la zona como río La Peña; al frente, la senda tallada en la roca, por la que caminaremos.

Nava, Foces del Pendón Nava, Foces del Pendón

A medida que avanzamos, el desfiladero se va estrechando. El río, que al principio intuíamos bien profundo, parece que está más cerca. La roca va desapareciendo, cubierta por una vegetación que se hace más y más densa. Estamos entrando en un nuevo escenario, la siguiente etapa de nuestro recorrido.

Nava, Foces del Pendón Nava, Foces del Pendón Nos encontramos en un lugar precioso, con una vegetación exuberante que llega hasta las mismas aguas cristalinas del río Pendón, que ya está a la vera del sendero.

Nava, Foces del Pendón, vista del río en las proximidades de Les Meceures
Nos hallamos en la zona conocida como Les Meceures, donde se encuentra una caseta con un depósito para captación de aguas. Es momento de disfrutar del río, de sacar unas cuantas fotografías intentando llevarnos una parte de la maravillosa tranquilidad que todo lo impregna. En fin...

Nava, Foces del Pendón, Les Meceures
Cruzamos el Pendón por un puente de madera. Al otro lado, un bosque de fayas y robles nos espera. Bordeamos sus centenarios troncos hasta el Puente Pendón, por el cual atravesamos de nuevo el río, iniciando una nueva etapa en nuestro recorrido.

Nava, Foces del Pendón, camino de La Canal Nava, Foces del Pendón El camino empedrado se vuelve ascendente. Curva va y curva viene vamos ganando altura. Ahora entendemos que a este tramo se le conozca desde antiguo como Les Vueltes. Sin prisa, echando la vista atrás de vez en cuando para observar la mancha boscosa por la que hemos andado y ya queda a nuestras espaldas, vamos ascendiendo camino del collau conocido como La Boca de La Canal. De vez en cuando la mirada se dirige a lo alto, para contemplar la imponente silueta de una pareja de buitres. Y llegamos. Se acabaron las vueltas y las revueltas. Cambia de nuevo el escenario. Ahora disfrutamos de panorámicas más abiertas, la mirada busca el mar, al norte de los suaves vistas que nos ofrece Nava y los vecinos concejos. A partir de aquí, todo para abajo.

Nava, Foces del Pendón, Mayau Pastor Nava, Foces del Pendón, proximidades del Mayau Pastor En el camino de descenso tendremos que hacer más de una parada. La primera en el conocido como Mayau Pastor, una zona de pastoreo salpicada de cuidadas cabañas. Mas abajo, a la altura de la fuente de El Faeu, tendremos ocasión de disfrutar, y fotografiar, las panorámicas que la altura nos permite.

Nava, Foces del Pendón

Con la pendiente a favor y con la retina bien alimentada por las vistas de las poblaciones que se asoman a nuestro paso, así como de las del valle de Fuentesanta, llegamos al punto de partida, después de disfrutar durante unas cuatro horas de esta maravillosa ruta.

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