domingo

Avilés extramuros: de Galiana a Rivero

Si en un paseo anterior recorrimos una parte del Avilés medieval, os proponemos ahora salir de lo que en otro tiempo fue recinto amurallado para pasear por la zona de expansión (el denominado «Ensanche barroco») que se va a configurar al sur de las murallas a partir del siglo XVII.


Iniciaremos el recorrido, una vez más, en la plaza de España. A pocos metros del edificio donde se ubica el Ayuntamiento, cuyas obras fueron dirigidas por el maestro Juan de Estrada en 1670 siguiendo el diseño de las consistoriales ovetenses que habían sido construidas cincuenta años atrás, encontramos el palacio de Ferrera. Se trata de un edificio de estilo barroco con planta cuadrada y una sola torre que recientemente fue remodelado para convertirse en un lujoso establecimiento hotelero.



Dejando a nuestras espaldas el edificio consistorial abandonaremos la plaza por el ramal que, bordeando el inmenso jardín palaciego (en la actualidad parque de Ferrera), asciende en dirección oeste: estamos en la calle de San Francisco, denominación que alude al convento franciscano que estuvo aquí ubicado hasta que, a resultas de la desamortización de Mendizábal, a mediados del siglo XIX se convirtió en la iglesia parroquial de Santo Tomás de Bari. El edificio, que fue ampliamente reformado en el siglo XVII, conserva la portada septentrional como principal vestigio de sus trazas románicas.



Si continuamos en dirección oeste, llegaremos a Galiana: dos centenares largos de calle soportalada con pavimento de piedra y casonas con palmeras que nos hablan de una ciudad en expansión, con un comercio pujante, y de indianos retornados.












En la parte final de la calle, encontramos uno de los accesos al parque de Ferrera. Antes de entrar, no está de más que nos acerquemos hasta la capilla del Ecce Homo o Jesusín de Galiana. Se trata de una reconstrucción de finales del XIX de otra más antigua dedicada a San Roque que fue construida en la segunda mitad del diecisiete. Y ya que estamos tan cerca, resultaría imperdonable que pasáramos de largo sin detenernos a en el parque del Carbayedo.









Bueno, es hora de que entremos, por fin, en el que hasta no hace tanto era un terreno inaccesible para la mayoría: el parque de Ferrera. Se trata de una zona verde de algo más de ocho hectáreas de extensión que fue jardín del palacio del mismo nombre, propiedad de los marqueses de Ferrera hasta que fuera adquirido por el Ayuntamiento en los años setenta del pasado siglo. Tras disfrutar de este oásis emplazado en pleno centro urbano, dejaremos el parque por la puerta situada en su lado oeste y que nos conduce a Rivero, la salida natural de la villa para quienes se dirigían hacia Oviedo.


Al final de la calle, en una zona ya próxima a la plaza de España, nos encontramos con la Casa de Rodrigo García Pumarino, edificio también conocido como Palacio de Llano Ponte. Se trata de una construcción barroca, de principios del siglo XVIII, mandada edificar por el tal Rodrigo, un gozoniego que regresó enriquecido de su aventura americana, de la que sólo se conserva la fachada original, en la que observamos los pórticos tan habituales en algunas calles de la ciudad.


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