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CUIDAR LA SIDRA

Logo Sidra naturalHace unas semanas la Red, o al menos la parte de la Red que conecta Asturias con el resto del mundo, se vio un tanto agitada al conocerse algunas noticias que parecían poner en entredicho la historia, el arraigo y la importancia que la sidra tiene en esta región. Algunos se revolvieron inquietos al conocer una lista de lagares, supuestamente los diez mejores de España, en la cual no figuraba ninguno de los asturianos. Otros se lanzaron a los blogs y a los muros de Facebook para descargar su ira contra aquellos que osaban situar el origen de la sidra en otros lugares del territorio hispano. Lo de «La sidra no es asturiana» no tuvo un buen trago por aquí.

Es verdad que la manzana y la sidra son elementos de gran importancia en la tradicción asturiana, que los asturianos los consideran como parte de sus señas de identidad. Siendo esto así, parece que lo más recomendable es apostar por su futuro en vez de adorarlos como si fueran reliquias del pasado. Compartimos las palabras de José Antonio Fidalgo cuando afirma:
Portada del libro Sidra y manzana en Asturias
«¿Qué importa si la sidra tuvo sus orígenes acá o allá; si los sumerios ya la conocían; si los astures —según cita Estrabón— ya la consumían; o si en el siglo IV hay textos franceses que testimonian técnicas de elaboración»

Hay que mirar al futuro. Hay que cuidar la sidra de Asturias. Sólo hay un camino: la calidad; y unos instrumentos imprescindibles: el estudio, la innovación, el trabajo...

Como prueba no hay más que ver lo que se ha avanzado en poco tiempo: estudios por parte del SERIDA para determinar las variedades a utilizar en la elaboración de la sidra; probación de la Denominación de Origen Protegida «Sidra de Asturias», progresivo incremento del número de lagares y de cosecheros integrados en el Consejo Regulador (en la actualidad 25 lagares y 267 cosecheros)... Esto en lo que se refiere al pasado más cercano, pero la investigación en torno a la manzana y la sidra es asunto que preocupa a los asturianos desde hace mucho tiempo. Como prueba de ello, recogemos aquí —con autorización del autor, por supuesto— el artículo titulado «La estación pomológica de Tiñana» que fue publicado en el diario La Nueva España el 30 de mayo de 2006



La estación pomológica de Tiñana

Macrino Fernández Riera

Probablemente más de un lector habrá tenido que volver a releer el título de este artículo cuando, en la cotidiana tarea de hojear las páginas de este diario, sus ojos, avezados en la tarea de escudriñar titulares, se toparon con él. Y es que en esas cinco palabras parece que algo no encaja de forma adecuada. Una posible explicación de tal hecho sería la de que en la memoria colectiva de los asturianos, el centro de investigación sobre el cultivo de la manzana que con tal nombre estuvo en funcionamiento durante casi cuatro décadas, está ligado a Villaviciosa: «Estación pomológica de… Villaviciosa». Y ello es así porque a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo, la Diputación provincial puso en marcha, en el seno de la granja-escuela que funcionaba en las proximidades de la capital maliaya, una estación experimental que con el nombre de «Estación pomológica» fue conocida desde 1956 hasta 1985, cuando, en función de las nuevas competencias recibidas por el Principado de Asturias en materia de experimentación agraria, la pomológica pasó a formar parte del Centro de Experimentación Agraria (CEA); posteriormente Instituto de Experimentación y Promoción Agraria (IEPA); más tarde Centro de Investigación Aplicada y Tecnología Agroalimentaria (CIATA) y, en la actualidad, Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias (SERIDA).

Asturias, manzano en flor

En todos estos años, la pomológica asentada en el concejo de Villaviciosa se ha constituido en el referente al que han acudido todos los que se interesaban por la sidra, la manzana y sus productos derivados. Sus estudios sobre la mejora genética del manzano de sidra y la modernización del sistema productivo de la manzana, pueden ser considerados como los auténticos dinamizadores de la etapa expansiva que vive el sector desde finales de los años setenta. Poco a poco, los cosecheros y lagareros han ido incorporando en su actuación profesional las recomendaciones que desde la pomológica les hacían llegar: plantaciones en eje vertical, utilización de porta-injertos de vigor medio o reducido, control de la alternancia de cosechas, elección de aquellas variedades más apropiadas para la obtención de sidra natural…

Asturias, manzano

No obstante, esta instalación no fue la primera que en Asturias se dedicó a la tarea de mejorar la producción de manzana. Como queda dicho, varias décadas antes de que comenzase su exitosa andadura la estación de Villaviciosa, hubo otra que estuvo en funcionamiento durante un par de décadas en Tiñana, parroquia situada en el suroccidente del concejo de Siero que cuenta con antigua y acreditada tradición sidrera. Por el Catastro del Marqués de la Ensenada sabemos que a mediados del XVIII había en su territorio un lagar de sidra con carácter industrial, que pisaba 24 pipas «de dos en dos años que es el tiempo de fructificación de los manzanos», según se recogía en el oportuno registro; su dueño era don Diego Ramón Argüelles Quiñones, Señor de la Casa de Meres.

Siero, situación y distanciasPor lo que al presente se refiere, hemos de señalar que Tiñana, situada a una decena de kilómetros de Oviedo y con una intensa actividad industrial asentada en ambos márgenes de la antigua carretera de Santander, cuenta con poco más de mil habitantes repartidos en los núcleos tradicionales de Fonciello, Fozana, Fueyo, Meres y San Juan del Obispo; desde hace unos años, una urbanización construida en las cercanías del Palacio de Meres ha venido a incrementar el número de sus vecinos hasta alcanzar los 1038, según refieren los datos del año 2002. Si ponemos en relación este número de habitantes con el de llagares que están en funcionamiento, podemos deducir la gran importancia que la fabricación de sidra tiene en la comunidad, puesto que actualmente se encuentran en plena producción los siguientes: Viuda de Palacio (Fozana), Juanín (Fozana de Abajo), Sidra Fanjul (Fozana de Abajo), Sidra Muñiz (Fozana de Abajo), Sidra Choro (Meres) y Sidra Quelo (Fueyo). Seis llagares en una población de poco más de mil habitantes… Creo poder afirmar que estamos en presencia de la parroquia con la mayor densidad lagarera de Asturias.

Si, como hemos comentado, la producción industrial de sidra en Tiñana está documentada desde mediados del XVIII, son varias las referencias a esta actividad durante el siguiente siglo. Así sabemos de la existencia de otros dos lagares que estaban en funcionamiento durante la primera mitad del novecientos: uno en Fozana de Abajo y otro, «el lagar de Juanín de doña Juana», en Fozana de Arriba. De la segunda mitad del XIX datan alguno de los que actualmente siguen en pie; tal es el caso de Viuda de Palacio, que lo hace desde 1864, y Juanín, desde 1885. Con estos antecedentes, no cabe duda que la tradición sidrera de la parroquia, pues a estos llagares industriales habría que añadir otros de carácter familiar, fue un elemento de peso a la hora de plantearse la ubicación del centro de experimentación que se proyectaba crear.

Asturias, sidrería, decoración
La necesidad de mejorar la producción agraria fue una de las principales preocupaciones de los ilustrados españoles. Poner a funcionar racionalmente los campos y conseguir de ellos las producciones que se obtenían en los países más avanzados de Europa, constituyó uno de elementos de modernización que para España plantearon los gobiernos liberales durante el XIX. No obstante, el tema de la propiedad de la tierra ocupó buena parte de los esfuerzos realizados en esta materia. Antes que otra cosa, era preciso conseguir que la tierra dejara de estar vinculada a manos muertas, esto es, a aquellos que se conforman con percibir unas rentas de sus terrenos pues no pueden enajenarlas. Las energías de los gobernantes se consumen en el proceso de desamortización de la tierra. Será durante el último cuarto del siglo cuando se den los primeros pasos en el camino de la investigación agrícola.

Tras varios intentos fallidos de los gobiernos de la Restauración para poner en marcha diversas instalaciones de investigación agraria, a finales del siglo XIX la Dirección General de Agricultura del Ministerio de Fomento, dividirá el país en trece regiones agronómicas, cada una de las cuales tendría en su territorio, como mínimo, una Granja Experimental, una Estación de Agricultura General y una o varias Estaciones especiales. La extensión de la filoxera provocó que los esfuerzos gubernamentales se centraran por entonces en las estaciones enológicas, con lo cual el resto de especialidades tuvieron que esperar. Por lo que respecta a Asturias, será en 1910 cuando se cree una Estación de industrias derivadas de la leche en Nava, y, al año siguiente, la Estación Pomológica de Tiñana.

Gaceta de Madrid, creación pomológica de Tiñana Gaceta de Madrid, creación pomológica de Tiñana

Según la Real orden, publicada en la Gaceta de Madrid el 21 de julio, esta instalación experimental se ponía en marcha a petición de varios productores de sidra de la región, quienes, tomando como ejemplo el desarrollo que por entonces había alcanzado la producción de sidra en Normandía, esperaban que los trabajos de investigación que el centro efectuase, les pudieran facilitar los últimos adelantos en materia de producción de manzana y fabricación de sidra. Los informes del jefe de la Sección agronómica de Oviedo avalaban la petición resaltando «que sería de gran utilidad el crear el centro que se solicita para estudiar todos los problemas referentes al cultivo del manzano, influencia de abonos, enfermedades y medios de combatirlas, eficacia de los distintos procedimientos para cambiar la producción alterna en continua, clasificando las innumerables variedades que hoy existen para propagar las mejores, según los terrenos y climas, instalando a su vez una sidrería modelo para crear tipos fijos que siendo fáciles de conservar, permitan la exportación, dando con ello gran impulso a esta industria.»

Siero, Tiñana, El LlagarónLa Diputación y el Ayuntamiento de Siero, como entidades solicitantes, se comprometían a aportar una finca apropiada para la instalación de la Estación de Pomología. La Quinta de don Rodrigo Uría, una extensa propiedad situada a la orilla del camino denominado entonces «de Buenavista a Tiñana», fue la elegida. El ingeniero jefe de la Sección agronómica de Oviedo fue el encargado de elaborar el correspondiente proyecto. Estas labores iniciales debieron ocupar su tiempo, ya que hubo que esperar más de dos años para que se iniciase el proceso de contratación de personal. El 19 de noviembre de 1913 El Noroeste hace público un anuncio para proveer dos plazas en la Pomológica: una de capataz de cultivos y otra de guarda obrero. Para la primera, dotada con un sueldo anual de 1250 pesetas y la posibilidad de vivir en las instalaciones, se requiere ser mayor de 25 años; saber leer, escribir, las cuatro reglas de Aritmética y sistema métrico decimal; tener conocimiento de los cultivos propios de la región y en particular del cultivo del manzano y elaboración de sidra, lo que se acreditará mediante certificación que justifique a satisfacción del director del establecimiento los conocimientos expresados; ser de buena conducta y no tener antecedentes penales, lo que se acreditará mediante certificación de la Alcaldía y Juzgado correspondiente. Para la segunda, con haber anual de 1000 pesetas, las condiciones requeridas son las siguientes: ser mayor de 16 años, saber leer, escribir y las cuatro reglas de aritmética; ser de buena conducta y no tener antecedentes penales y ser de complexión sana y robusta y estar acostumbrado a las faenas del campo.

Para dirigir la instalación se nombra a un ingeniero agrónomo. Noticias tenemos de la identidad de quien ocupaba tal plaza en los años veinte, sin saber si fue el primero en esta función. Se trata de José Alonso de la Torre quien dejó publicado un trabajo de divulgación titulado Algunas enfermedades del manzano cuya edición está fechada en «Tiñana, 1923» y del cual se conservan, al menos, dos ejemplares; uno en la biblioteca del Archivo Histórico Provincial y otro en la del RIDEA

Hasta 1933, fecha en la que parece dejó de funcionar, la Estación Pomológica de Tiñana se dedicó a experimentar no solo en el apartado de las plantaciones de manzana, sino también, en el de sus derivados. Destaca en este aspecto la investigación en el ámbito de la producción de sidra refrescante baja en alcohol, destinada a ser embotellada en botellas de menor tamaño que la natural.
Siero, Tiñana, quinta de Rodrigo Uría
Con estos antecedentes, no es de extrañar que quienes recorran la carretera que asciende desde el Nora hasta el rellano cercano a la iglesia de Santa María de Tiñana, se impregnen de los aromas acidulados de los frutos de la Coloradona, Pericó, Raxao o De la Riega, especialmente si lo hacen desde mediados de octubre hasta finales de noviembre. Son muchos años de bien hacer en esto de la sidra. Por si estos mismos visitantes quieren conocer lo que en otro tiempo fuera la Estación Pomológica de Tiñana, desde este mismo lugar, desde las puertas de Casa Pin, deberán tomar la carretera que parte en dirección a Santa Marina. Al poco de comenzar la andadura, en la orilla izquierda del camino aparecerá la Quinta de Uría; una casona del siglo XIX con dos plantas, en la que destaca un magnifico corredor situado en su fachada sur y que está rodeada de una finca de más de 50000 metros cuadrados, en los cuales hace muchos años comenzó a sembrarse el prometedor presente de la industria de la sidra asturiana.



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