jueves

Esculturas de Gijón: un museo al aire libre (I)

No parece que exista mucha discrepancia a la hora de reconocer que la mayoría de las villas y ciudades de la región han mejorado en lo tocante a su aspecto externo, tornándose un tanto más amable para quienes en ellas viven. Muchas de sus calles, plazas o paseos se han remozado en estos últimos años y no son escasos los nuevos espacios ganados para el disfrute ciudadano.

De resultas de estas iniciativas por hacer más habitables nuestros núcleos urbanos hay lugares que se han convertido en verdaderos museos al aire libre por la cantidad —a veces también por la calidad— de esculturas que encuentra el paseante.

Aunque algunas están un tanto alejadas del resto y no queda otra que desplazarse hasta el lugar en el que están emplazadas, las hay que se encuentran próximas, lo cual nos permite verlas en un mismo recorrido. De eso se trata.

Para empezar os proponemos un paseo por las cercanías de la playa de San Lorenzo en Gijón (uno de los lugares más visitados por quienes llegan a Asturias, según los resultados de las encuestas realizadas al efecto) para contemplar cuatro esculturas situadas en un emplazamiento privilegiado.

Empezaremos nuestro recorrido en las inmediaciones del puente que salva la desembocadura del río Piles y tomaremos la avenida de José García Bernardo.

En el trayecto nos encontraremos con las siguientes esculturas

1. Sombras de luz
2. Monumento a la Madre del Emigrante
3. Solidaridad
4. Sin título



1. Sombras de luz (1998)


 A la altura del rótulo que indica 2250 metros desde el inicio del paseo, nos encontramos con la primera escultura. Obra del escultor asturiano Fernando Alba, es un conjunto de cuatro planchas rectangulares de acero corten o cortén, que los especialistas no parecen estar de acuerdo, de unos cinco metros de altura que en posición vertical se orientan hacia los cuatro puntos cardinales.

A cada una de las planchas se le han abierto varios círculos de diferente tamaño, convertidos en agujeros que rompen las sombras de las chapas, al tiempo que ventanas que fragmentan el espacio.


2. Monumento a la madre del emigrante

 Setecientos metros más adelante, llegaremos al segundo de nuestros objetivos. Su instalación en el año 1970 supuso una ruptura con la estética anterior, razón por la cual esta obra del cántabro Ramón Muriedas no contó con muchas simpatías en un primer momento, provocando una gran controversia. Cuarenta años después, bien puede decirse que el dolor que refleja esta imagen ha calado hasta tal punto en la población gijonesa que todo el mundo la conoce como La lloca, lo que no deja de ser un reconocimiento del acertado trabajo del autor, pues tal era su objetivo: representar el sufrimiento de una madre que ve partir hacia la infinitud del mar a un hijo al que quizás no volverá a ver.

3. Solidaridad (1999)

Desde donde nos encontramos ya se divisa la tercera escultura. Mientras caminamos hacia ella, vemos a nuestra derecha la que, a la vuelta, pondrá fin a nuestro recorrido


Cuando la barandilla blanca cede su testigo a otra de madera, llegamos a la altura de esta obra de acero inoxidable. El onubense Pepe Noja emplea cuatro formas cilíndricas que se entrelazan para simbolizar la unión y la solidaridad.




4. En el camino de vuelta, nos detenemos ante la última propuesta de este paseo. Se trata de una obra del escultor nacido en La Caridad (El Franco) Herminio Álvarez que no tiene nombre, por lo cual en todas las referencias figura como Sin título.

En cualquier caso, lo que nos importa son las sensaciones que despierta su contemplación. Una vez que el espectador comprueba con sus propios ojos que son dos cilindros y no uno y que entre ambos existe una separación, la tensión se adueña del lugar: la fuerza de la gravedad se contrarresta con la magnética y se crea un equilibrio TENSO.

Algunos incrédulos no han dudado en lanzar algún objeto metálico para comprobar que las cosas son así y no de otra manera.