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miércoles

Tiñana: sabor a sidra

Tiñana, vista parcialTiñana es una parroquia del concejo de Siero, situada a unos nueve kilómetros de La Pola, que aúna la actividad industrial  localizada a ambos márgenes de la antigua carretera de Santander, con un escenario rural, dominado por praderías, bosquetes de castaños y pomaradas, que predomina en el resto de su territorio. De ahí que el visitante que haya tomado el acceso  en  la rotonda situada en el borde de la autovía del Cantábrico pasará, en tan sólo unos centenares de metros, de las naves de hormigón al verde follaje de los manzanos; al sabroso perfume de los pomares; al delicioso sabor de la sidra.
De hecho, en cuanto tienes a la vista el puente que salva las aguas del río Nora la manzana ya reclama todo el protagonismo, bien en forma de plantaciones –las tradicionales con árboles de gran porte o las más modernas en eje vertical y por calles– o de llagares, donde con mucha ciencia y algo de paciencia pasa a convertirse en refrescante y sabrosa sidra. 

Tiñana, pomarada
Los llagares que encontramos en el camino atesoran el buen hacer de las gentes de la parroquia, que de producción de sidra saben bastante, no en vano llevan varios siglos haciéndolo (al menos desde mediados del siglo XVIII, según documentación acreditada) y contaron con formación y tecnología, pues aquí estuvo localizada la Estación Pomológica dependiente de la Dirección General de Agricultura del Ministerio de Fomento. Esta instalación experimental, inaugurada en 1911, se puso en marcha para satisfacer la demanda de los productores, interesados en conocer los últimos adelantos en materia de producción de manzana y fabricación de sidra.

Tiñana, Llagar Viuda de Palacio Tiñana, Llagar de Juanín
Y todo ese saber se conserva aquí, en los llagares de la parroquia. Algunos (Viuda de Palacio, Juanín, Muñiz, Fanjul) los encuentra el visitante al borde de la carretera; los otros no quedan lejos (Quelo, en Fueyo; Llagar Fonciello, en Fonciello; y Choro, en Meres). En total son siete, lo cual no está nada mal para una población  de unos mil habitantes.

Tiñana, Llagar Muñiz Tiñana, Llagar Fanjul
Llegados a este punto conviene aclarar que, según el Nomenclátor Geográfico Nacional, la parroquia de Tiñana comprende las siguientes poblaciones: Fonciello, Fozana, Fueyo, Meres,  San Juan del Obispo y Urbanización Palacio de Meres/Fontemera; también que, al decir de algunos organismos oficiales, no existe ningún lugar  que reciba oficialmente el nombre de Tiñana, por más que la memoria colectiva (también los indicadores que se encuentran en la carretera), señalen con ese nombre a la zona situada en las inmediaciones de la iglesia parroquial. 

Tiñana, Casa Pin
Allí la carretera se ensancha conformando una especie de plaza. En dos de sus laterales se alzan sendos locales destinados a la hostelería que atesoran parte de la historia de la parroquia pues llevan varias décadas en pie. Uno de ellos desempeñó durante los años treinta del pasado siglo funciones de tienda-bar, de esas que tanto abundaban por la región y que servía tanto para taberna como para el abastecimiento de comestibles. Por entonces era conocida como La Casa de Cándida, en referencia a Cándida Arango Fanjul que la regentaba en aquellos años. Pasó luego a su prima Amor Villa Fanjul quien, junto a su marido José Cimadevilla, la convirtieron en la afamada casa de comidas conocida como Casa Pin el de Amor.

Tiñana, iglesia parroquial Siero, Tiñana, iglesia parroquial
A la derecha del ensanche se encuentra el Campo de la iglesia, una zona arbolada en la cual se ubica la casa natal de  Ramón Martínez Vigil, rector que fue de la Universidad de Manila (1868-1876) y obispo de Oviedo (1884-1904). A poca distancia se alza la parroquial de Santa María, cuya historia se remonta, al menos, a mediados del siglo IX, cuando Alfonso III la dona con todas sus dependencias a la catedral de Santiago. Bien es verdad que su aspecto ha sufrido más de un retoque y el que ahora contempla el visitante es producto de la última reconstrucción llevada a cabo tras haber sido destruida en la guerra civil. La nueva edificación, que conserva algunos elementos decorativos de la primitiva traza románica, fue inaugurada en 1942, aunque las obras se dieron por rematadas años más tarde, y nos muestra el aspecto de las iglesias rurales asturianas del siglo XVII: cuerpo rectangular, nave elevada, sacristía adosada, pórtico lateral con pequeñas arcadas y una bella portada abocinada con tres arquivoltas.

Siero, Tiñana, El Llagarón
Si seguimos la carretera que bordea la iglesia por su lado meridional llegaremos a un desvío donde se encuentra El Llagarón, edificación centenaria puesta en pie en los inicios del siglo XX por José María Alonso para la producción industrial de sidra. Venía a sumarse a otros existentes por entonces: el de Cornelio Muñiz Vallina, en Fozana de Abajo, o el de Juan Palacio Fernández, situado en Fozana de Arriba  y conocido como el de Juanín de doña Juana. Buena parte de los llagares  actualmente en funcionamiento están regentados por sus descendientes habiendo contribuido en gran medida al prestigio alcanzado por la sidra producida en Tiñana.

Siero, Tiñana, vivienda Siero, Tiñana, vivienda
El escenario rural de Tiñana, impregnado de manzana y de sidra, se encuentra salpicado de algunas casonas de buen porte, como las que podemos encontrar en las proximidades de El Llagaron. Otras más encontraremos a lo largo de  nuestro paseo.

Si en la desviación continuamos en dirección a Fozana, llegaremos hasta la conocida como Casa Baiña, conjunto integrado por la casona (con balcones volados, escalera de piedra), la capilla y panera de ocho pegollos, cuya fecha de construcción data de 1890 como así consta en el grabado allí existente.

Tiñana, Casona Palacio
Tiñana, Casona Palacio, panera Tiñana, Casona Palacio,ermita
Claro está que si de casas de buen porte hablamos,  no podemos dejar de mencionar el Palacio de Meres,  solar originario de los Argüelles de Meres, linaje que habiendo tenido gran trascendencia en la vida de la parroquia a través de los siglos, también la tuvo en lo que a producción de sidra se refiere, pues consta que ya en el siglo XVIII Ramón Argüelles Quiñones, por entonces titular de la Casa de Meres, poseía un llagar para la producción industrial de sidra.  

Tiñana, Palacio de Meres
Tiñana, Palacio de Meres Tiñana, Palacio de Meres

Dependiendo de la posibilidad de que esté abierto para la celebración de algún acto social, quizás tengamos ocasión a la bajada, camino de la glorieta, de visitar el palacio que, por ser de propiedad privada, no suele estar abierto al público. Sería la manera perfecta de culminar esta visita a uno de los lugares más emblemáticos de los que figuran en el mapa de la sidra asturiana.

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Otros lugares de interés

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jueves

Ca Sabi

Noreña, Ca Sabi, exteriorLo confesamos: nos gustan las sidrerías. Nos gusta el ambiente que se respira; compartir unas raciones con los amigos; acompañar la comida con buena sidra. Sí; nos gustan las sidrerías. Cierto es que algunas más que otras; que aquí también hay diferencias. Las hay que por aquello de la tradición, se aferran al mismo palo, a la misma decoración y, si nos apuráis, hasta a la misma vajilla. Hay otras en cambio que, sin perder la esencia, buscan nuevos enfoques tanto en los espacios como en la cocina.

Viene esto a cuento, a propósito de Ca Sabi, una casa de comidas ubicada en Noreña que abrió sus puertas hace un par de años en el local que anteriormente y durante muchos años ocupó la conocida sidrería Casa El Sastre.

¿Sidrería? Nada hay en el rótulo que así lo indique (conviene decir aunque sea así, entre paréntesis, que tampoco, cuando era El Sastre, ponía nada en el exterior). Pasemos y comprobémoslo.

logo casa comidas
  
Ca Sabi 
Fray Ramón, 25
Noreña (ver mapa)
Teléfono: 984 280 261



Mediodía del sábado. Hora del aperitivo. Nada más entrar, ambiente conocido: murmullos, vino, sidra, y tapas en la barra y en las mesas. El local resulta acogedor: piedra, madera, luces indirectas; sin estridencias. Nos orientamos: al fondo a la izquierda, un comedor; arriba, otro. De frente, la terraza.

Noreña, Ca Sabi, interior Noreña, Ca Sabi, interior
Después de curiosear por aquí y por allá, nos decidimos por la terraza: un lujazo si, como es el caso, el tiempo acompaña. Bien por el espacio, resulta muy acogedor.

Noreña, Ca Sabi, terraza

Vimos sidra en la barra, así que antes de echarle un vistazo a la carta, pedimos una botella. Sidra Foncueva. Vale. Nos la escancian bien y está buena. Sigamos.

Noreña, Ca Sabi, Tortinos de maíz con queso de cabra

Veamos ahora lo fundamental. Carnes: ya que estamos en Noreña no podía faltar el sabadiego, que aquí sirven con patatas, ni el picadillo. Ofrecen además Lengua estofada, Escalopines de solomillo de cerdo al cabrales o Cachopinos. En la sección de pescados el protagonista es el bacalao en diferentes elaboraciones:  a la portuguesa, con aceite de pimentón y ajos, a la crema con setas o al horno con pisto manchego y patatas panadera.

En cuanto a las raciones, bueno y variado. A saber: Calamares frescos con una emulsión de tinta (el añadido de la salsa los hace aún más sabrosos); Tortinos de maíz con queso de cabra, jamón ibérico y cebolla caramelizada; Chipirones a la plancha y mahonesa de lima límón; Fritos de bacalao; Bocarte; Croquetas caseras; Lacón relleno casero...

No pudimos elegirlo todo y como lo que comimos nos gustó, nos quedan ganas de volver a probar otros platos. Bien por esta casa de comidas. ¿Será esto una sidrería?En fin. Bien por el local, bien por la terraza, bien por la comida. Por cierto, más tarde nos enteramos que a cargo de la cocina de Ca Sabi se encuentra Chema Puente, un afamado cocinero con una amplia trayectoria, que trabajó en La Broche o El Bulli; en Asturias lo hizo durante un tiempo en Casa Fermín y en Las Carolinas.

Lo confesamos: nos gustan las sidrerías



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OTROS ENLACES REFERIDOS A GASTRONOMÍA



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lunes

Pico Fario y Peña de Los Cuatro Jueces

Pico FarioHay gente que accede hasta la cima en automóvil. Es una opción, pero a los que nos gusta contemplar sin prisa todo  cuanto divisamos a cada paso que damos, preferimos subir andando. Además, al llegar a la cumbre no se acaba la caminata, ni las vistas. Desde allí podemos poner rumbo al norte y llegarnos hasta la Peña de los Cuatro Jueces, lugar donde se juntan las tierras de Gijón, Pola de Siero, Sariego y Villaviciosa, y donde —según cuenta la tradición— se reunían los representantes de los cuatro territorios para acordar asuntos de interés para los habitantes de los respectivos concejos. Sin duda, una propuesta interesante y nada exigente para el caminante.

Características
  • Tipo: lineal
  • Dificultad: ▲▲▲▲
  • Itinerario: Alto de La Fumarea - pico Fario - peña de Los Cuatro Jueces - pico Fario  - área recreativa Loma de Siero  - cerro Gavio - pico Fario - Alto de La Fumarea
  • Señalización: buena
  • Desnivel: unos 250 metros. 
  • Distancia: unos 8 kilómetros
  • Duración: dos horas / dos horas y media

Situación y distancias


Distancias por carretera a Pola de Siero, capital del concejo de Siero

Siero, situación y distancias

Pulsa en la imagen para aumentar su tamaño


Cómo llegar al punto de partida


El inicio de la ruta se localiza en Sariego, en el collao Fumarea, situado en el punto cimero de la carretera AS-331 que une el Infanzón con Pola de Siero. En el mismo alto encontraremos espacio suficiente para estacionar el vehículo (ver mapa).
Echamos a andar por el ramal que asciende a la derecha. Es una carretera estrecha que conduce hasta la misma cima del Fario, el cual, con sus 737 metros de altitud es el punto más elevado del concejo de Siero.
Una de las ventajas de subir andando es la de poder disfrutar con la tranquilidad debida de las panorámicas que aparecen a nuestra izquierda, mostrándonos los suaves paisajes de las tierras de Sariego.

Pico Fario, vista de Sariego

Disfrutando del paisaje, intentando poner nombre a las pequeñas localidades que vislumbramos, vamos ascendiendo casi sin darnos cuenta. Cuando aún no llevamos dos kilómetros recorridos, la carretera gira a la derecha y aparece ante nosotros la inconfundible silueta del Fario, coronada de antenas de todo tipo.

Pico Fario, vista desde el sendero

Una vez alcanzada la cima, el escenario cambia y surge ante nosotros Gijón, El Musel, la Campa de Torres, el Cantábrico. Como suele suceder, la ascensión ha merecido la pena.

Pico Fario, vista de Gijón

Desde el Fario tomamos un camino que sigue dirección noreste y que nos llevará hasta el segundo punto de nuestro recorrido.

Pico Fario, sendero a la Peña de los Cuatro Jueces

Si hasta aquí no hemos tenido que esforzarnos en exceso, ahora tampoco, pues el tramo que  recorremos desciende suavemente bordeando pastizales. Al fondo, a la izquierda, asoma una zona arbolada: hacia allí nos dirigimos.

Peña de los Cuatro Jueces

Llegamos a la mancha boscosa y encontramos la famosa peña, situada a 682 metros de altitud, según señala la placa allí situada, donde se dice que desde 1993 se reúnen en este lugar los responsables municipales de los concejos de Villaviciosa, Sariego, Siero y Gijón, quienes, junto a cientos de romeros, rememoran esta antigua tradición.

Peña de los Cuatro Jueces

Al parecer la peña hacía las veces de mesa en torno a la cual se sentaban los cuatro representantes o jueces, cada uno en la tierra de su concejo. La que ahora contemplamos no es la original, sino otra que la recuerda y a su alrededor cuatro grandes piedras que hacen las veces de asientos y que están situadas cada una en su concejo respectivo.

Subida al pico Fario, vista del valle de Peón
Además de ser escenario de esta ancestral reunión, el lugar es un magnífico mirador, con buenas vistas sobre la ciudad de Gijón (al oeste) y del concejo de Villaviciosa, del cual podemos contemplar el valle de Peón, en un primer término, y, algo más lejos, el entorno de la ría. 

Subida al pico Fario, vista de la ría de Villaviciosa
Abandonamos el mirador y, volviendo sobre nuestros pasos, retornamos al pico Fario. Al llegar a la intersección que ya conocemos, seguimos hacia el sur, camino del cerro Gavio, donde nos esperan nuevas panorámicas a vista de pájaro, esta vez de Sariego y Siero.

Pico Fario

En lo alto, a la vera de otras antenas allí situadas, contamos con mesa y asiento, tentadora invitación al refrigerio. No es la única, pues poco más abajo, camino ya del alto del alto de La Fumarea, inicio y retorno de nuestra andadura, encontramos el área recreativa Loma de Siero.

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De Llanera a Salas por una antigua calzada romana


Una de las mejores maneras de disfrutar de los encantos que atesora esta tierra consiste en patear las rutas que recorren sus concejos. Lo sabemos los que aquí residimos y lo saben también muchos de nuestros visitantes, los cuales -- además de la cultura, el arte y la gastronomía-- valoran en alto grado la riqueza paisajística de la región.

No es de extrañar, por tanto, que cada vez sea mayor el número de senderos que cuentan con la homologación de la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Principado de Asturias (FEMPA).

Pues bien, una nueva propuesta acaba de unirse a los casi tres centenares de senderos existentes en la región. Se trata de una antigua vía romana, apenas conocida hasta la fecha, que uniría Lucus Asturum, en las proximidades del actual Lugo de Llanera, con Passicin, en las cercanías de Cornellana. Gracias a los estudios que sobre esta calzada ha realizado la arqueóloga Patricia A. Argüelles Álvarez recogidos en una reciente publicación (La vía romana Lucus Asturum - Lucus Augusti. Tramo Lucus Asturum - Passicin), sabemos que su finalidad principal era la de comunicar las explotaciones auríferas del occidente asturiano.

Aunque, como podemos observar en el perfil, la ruta tiene una longitud de cuarenta y dos kilómetros, la autora la subdivide en cuatro tramos que pasamos a enumerar:

1. De Castañera (Llanera) a La Corredoria
  • Itinerario: Castañera, Las Campas de Lugo, La Bérbola, Aeródromo de la Morgal, Coruño, Cayés, La Corredoria.
  • Longitud: 7´8 km.
Moderno puente del Cayés

2. De La Corredoria al Escamprero (Escamplero)
  • Itinerario: La Corredoria, Fitoria,Lavapies, San Lázaro de Paniceres, Lampajúa, Loriana, Gallegos, Escamprero.
  • Longitud: 12´5 km.


Castro de Llagú, en Latores
3. De El Escamprero a Grado
  • Itinerario: Escamprero, Molín de Pumeda, Premoño, Valduno, Puente de Peñaflor, San Pelayo, Grado.
  • Longitud: 11´5 km.

Termas romanas de Valduno

4. De Grado a Cornellana
  • Itinerario: Grado, Puente de Santiago, Villapañada, Cabruñana, Loreda, Doriga, Casas del Puente, Cornellana.
  • Longitud: 10´2 km.
Empedrado del camino rumbo a Villapañada

Llegados al final de esta somera presentación acerca de la antigua calzada romana, queda por comentar que su grado de conservación difiere de unos puntos a otros. Una de las zonas mejor conservadas es el tramo que va desde Premoño hasta Valduno, apreciándose en ocasiones las losas originales. Otro punto donde se conserva el camino intacto de la época romana es el conocido como «Camín del Andallón», siendo en este caso un sendero de tierra apisonada de unos tres metros de anchura que comunica El Picarín, próximo a Pumeda, con La Rabaza.

Queda ahora por saber si los ayuntamientos de los concejos por los que atraviesa este camino lo consideran suficientemente interesante como para iniciar los estudios necesarios tendentes a su señalización y divulgación.

Mientras tal cosa sucede, quienes estén interesados en el tema pueden obtener más información de este sendero acudiendo directamente al libro La vía romana Lucus Asturum - Lucus Agusuti. Tramo Lucus Asturum - Passicin, de Patricia A. Argüelles Álvarez.

Nota. Las fotografías incluidas en este artículo proceden del citado libro.

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    miércoles

    CUIDAR LA SIDRA

    Logo Sidra naturalHace unas semanas la Red, o al menos la parte de la Red que conecta Asturias con el resto del mundo, se vio un tanto agitada al conocerse algunas noticias que parecían poner en entredicho la historia, el arraigo y la importancia que la sidra tiene en esta región. Algunos se revolvieron inquietos al conocer una lista de lagares, supuestamente los diez mejores de España, en la cual no figuraba ninguno de los asturianos. Otros se lanzaron a los blogs y a los muros de Facebook para descargar su ira contra aquellos que osaban situar el origen de la sidra en otros lugares del territorio hispano. Lo de «La sidra no es asturiana» no tuvo un buen trago por aquí.

    Es verdad que la manzana y la sidra son elementos de gran importancia en la tradicción asturiana, que los asturianos los consideran como parte de sus señas de identidad. Siendo esto así, parece que lo más recomendable es apostar por su futuro en vez de adorarlos como si fueran reliquias del pasado. Compartimos las palabras de José Antonio Fidalgo cuando afirma:
    Portada del libro Sidra y manzana en Asturias
    «¿Qué importa si la sidra tuvo sus orígenes acá o allá; si los sumerios ya la conocían; si los astures —según cita Estrabón— ya la consumían; o si en el siglo IV hay textos franceses que testimonian técnicas de elaboración»

    Hay que mirar al futuro. Hay que cuidar la sidra de Asturias. Sólo hay un camino: la calidad; y unos instrumentos imprescindibles: el estudio, la innovación, el trabajo...

    Como prueba no hay más que ver lo que se ha avanzado en poco tiempo: estudios por parte del SERIDA para determinar las variedades a utilizar en la elaboración de la sidra; probación de la Denominación de Origen Protegida «Sidra de Asturias», progresivo incremento del número de lagares y de cosecheros integrados en el Consejo Regulador (en la actualidad 25 lagares y 267 cosecheros)... Esto en lo que se refiere al pasado más cercano, pero la investigación en torno a la manzana y la sidra es asunto que preocupa a los asturianos desde hace mucho tiempo. Como prueba de ello, recogemos aquí —con autorización del autor, por supuesto— el artículo titulado «La estación pomológica de Tiñana» que fue publicado en el diario La Nueva España el 30 de mayo de 2006



    La estación pomológica de Tiñana

    Macrino Fernández Riera

    Probablemente más de un lector habrá tenido que volver a releer el título de este artículo cuando, en la cotidiana tarea de hojear las páginas de este diario, sus ojos, avezados en la tarea de escudriñar titulares, se toparon con él. Y es que en esas cinco palabras parece que algo no encaja de forma adecuada. Una posible explicación de tal hecho sería la de que en la memoria colectiva de los asturianos, el centro de investigación sobre el cultivo de la manzana que con tal nombre estuvo en funcionamiento durante casi cuatro décadas, está ligado a Villaviciosa: «Estación pomológica de… Villaviciosa». Y ello es así porque a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo, la Diputación provincial puso en marcha, en el seno de la granja-escuela que funcionaba en las proximidades de la capital maliaya, una estación experimental que con el nombre de «Estación pomológica» fue conocida desde 1956 hasta 1985, cuando, en función de las nuevas competencias recibidas por el Principado de Asturias en materia de experimentación agraria, la pomológica pasó a formar parte del Centro de Experimentación Agraria (CEA); posteriormente Instituto de Experimentación y Promoción Agraria (IEPA); más tarde Centro de Investigación Aplicada y Tecnología Agroalimentaria (CIATA) y, en la actualidad, Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias (SERIDA).

    Asturias, manzano en flor

    En todos estos años, la pomológica asentada en el concejo de Villaviciosa se ha constituido en el referente al que han acudido todos los que se interesaban por la sidra, la manzana y sus productos derivados. Sus estudios sobre la mejora genética del manzano de sidra y la modernización del sistema productivo de la manzana, pueden ser considerados como los auténticos dinamizadores de la etapa expansiva que vive el sector desde finales de los años setenta. Poco a poco, los cosecheros y lagareros han ido incorporando en su actuación profesional las recomendaciones que desde la pomológica les hacían llegar: plantaciones en eje vertical, utilización de porta-injertos de vigor medio o reducido, control de la alternancia de cosechas, elección de aquellas variedades más apropiadas para la obtención de sidra natural…

    Asturias, manzano

    No obstante, esta instalación no fue la primera que en Asturias se dedicó a la tarea de mejorar la producción de manzana. Como queda dicho, varias décadas antes de que comenzase su exitosa andadura la estación de Villaviciosa, hubo otra que estuvo en funcionamiento durante un par de décadas en Tiñana, parroquia situada en el suroccidente del concejo de Siero que cuenta con antigua y acreditada tradición sidrera. Por el Catastro del Marqués de la Ensenada sabemos que a mediados del XVIII había en su territorio un lagar de sidra con carácter industrial, que pisaba 24 pipas «de dos en dos años que es el tiempo de fructificación de los manzanos», según se recogía en el oportuno registro; su dueño era don Diego Ramón Argüelles Quiñones, Señor de la Casa de Meres.

    Siero, situación y distanciasPor lo que al presente se refiere, hemos de señalar que Tiñana, situada a una decena de kilómetros de Oviedo y con una intensa actividad industrial asentada en ambos márgenes de la antigua carretera de Santander, cuenta con poco más de mil habitantes repartidos en los núcleos tradicionales de Fonciello, Fozana, Fueyo, Meres y San Juan del Obispo; desde hace unos años, una urbanización construida en las cercanías del Palacio de Meres ha venido a incrementar el número de sus vecinos hasta alcanzar los 1038, según refieren los datos del año 2002. Si ponemos en relación este número de habitantes con el de llagares que están en funcionamiento, podemos deducir la gran importancia que la fabricación de sidra tiene en la comunidad, puesto que actualmente se encuentran en plena producción los siguientes: Viuda de Palacio (Fozana), Juanín (Fozana de Abajo), Sidra Fanjul (Fozana de Abajo), Sidra Muñiz (Fozana de Abajo), Sidra Choro (Meres) y Sidra Quelo (Fueyo). Seis llagares en una población de poco más de mil habitantes… Creo poder afirmar que estamos en presencia de la parroquia con la mayor densidad lagarera de Asturias.

    Si, como hemos comentado, la producción industrial de sidra en Tiñana está documentada desde mediados del XVIII, son varias las referencias a esta actividad durante el siguiente siglo. Así sabemos de la existencia de otros dos lagares que estaban en funcionamiento durante la primera mitad del novecientos: uno en Fozana de Abajo y otro, «el lagar de Juanín de doña Juana», en Fozana de Arriba. De la segunda mitad del XIX datan alguno de los que actualmente siguen en pie; tal es el caso de Viuda de Palacio, que lo hace desde 1864, y Juanín, desde 1885. Con estos antecedentes, no cabe duda que la tradición sidrera de la parroquia, pues a estos llagares industriales habría que añadir otros de carácter familiar, fue un elemento de peso a la hora de plantearse la ubicación del centro de experimentación que se proyectaba crear.

    Asturias, sidrería, decoración
    La necesidad de mejorar la producción agraria fue una de las principales preocupaciones de los ilustrados españoles. Poner a funcionar racionalmente los campos y conseguir de ellos las producciones que se obtenían en los países más avanzados de Europa, constituyó uno de elementos de modernización que para España plantearon los gobiernos liberales durante el XIX. No obstante, el tema de la propiedad de la tierra ocupó buena parte de los esfuerzos realizados en esta materia. Antes que otra cosa, era preciso conseguir que la tierra dejara de estar vinculada a manos muertas, esto es, a aquellos que se conforman con percibir unas rentas de sus terrenos pues no pueden enajenarlas. Las energías de los gobernantes se consumen en el proceso de desamortización de la tierra. Será durante el último cuarto del siglo cuando se den los primeros pasos en el camino de la investigación agrícola.

    Tras varios intentos fallidos de los gobiernos de la Restauración para poner en marcha diversas instalaciones de investigación agraria, a finales del siglo XIX la Dirección General de Agricultura del Ministerio de Fomento, dividirá el país en trece regiones agronómicas, cada una de las cuales tendría en su territorio, como mínimo, una Granja Experimental, una Estación de Agricultura General y una o varias Estaciones especiales. La extensión de la filoxera provocó que los esfuerzos gubernamentales se centraran por entonces en las estaciones enológicas, con lo cual el resto de especialidades tuvieron que esperar. Por lo que respecta a Asturias, será en 1910 cuando se cree una Estación de industrias derivadas de la leche en Nava, y, al año siguiente, la Estación Pomológica de Tiñana.

    Gaceta de Madrid, creación pomológica de Tiñana Gaceta de Madrid, creación pomológica de Tiñana

    Según la Real orden, publicada en la Gaceta de Madrid el 21 de julio, esta instalación experimental se ponía en marcha a petición de varios productores de sidra de la región, quienes, tomando como ejemplo el desarrollo que por entonces había alcanzado la producción de sidra en Normandía, esperaban que los trabajos de investigación que el centro efectuase, les pudieran facilitar los últimos adelantos en materia de producción de manzana y fabricación de sidra. Los informes del jefe de la Sección agronómica de Oviedo avalaban la petición resaltando «que sería de gran utilidad el crear el centro que se solicita para estudiar todos los problemas referentes al cultivo del manzano, influencia de abonos, enfermedades y medios de combatirlas, eficacia de los distintos procedimientos para cambiar la producción alterna en continua, clasificando las innumerables variedades que hoy existen para propagar las mejores, según los terrenos y climas, instalando a su vez una sidrería modelo para crear tipos fijos que siendo fáciles de conservar, permitan la exportación, dando con ello gran impulso a esta industria.»

    Siero, Tiñana, El LlagarónLa Diputación y el Ayuntamiento de Siero, como entidades solicitantes, se comprometían a aportar una finca apropiada para la instalación de la Estación de Pomología. La Quinta de don Rodrigo Uría, una extensa propiedad situada a la orilla del camino denominado entonces «de Buenavista a Tiñana», fue la elegida. El ingeniero jefe de la Sección agronómica de Oviedo fue el encargado de elaborar el correspondiente proyecto. Estas labores iniciales debieron ocupar su tiempo, ya que hubo que esperar más de dos años para que se iniciase el proceso de contratación de personal. El 19 de noviembre de 1913 El Noroeste hace público un anuncio para proveer dos plazas en la Pomológica: una de capataz de cultivos y otra de guarda obrero. Para la primera, dotada con un sueldo anual de 1250 pesetas y la posibilidad de vivir en las instalaciones, se requiere ser mayor de 25 años; saber leer, escribir, las cuatro reglas de Aritmética y sistema métrico decimal; tener conocimiento de los cultivos propios de la región y en particular del cultivo del manzano y elaboración de sidra, lo que se acreditará mediante certificación que justifique a satisfacción del director del establecimiento los conocimientos expresados; ser de buena conducta y no tener antecedentes penales, lo que se acreditará mediante certificación de la Alcaldía y Juzgado correspondiente. Para la segunda, con haber anual de 1000 pesetas, las condiciones requeridas son las siguientes: ser mayor de 16 años, saber leer, escribir y las cuatro reglas de aritmética; ser de buena conducta y no tener antecedentes penales y ser de complexión sana y robusta y estar acostumbrado a las faenas del campo.

    Para dirigir la instalación se nombra a un ingeniero agrónomo. Noticias tenemos de la identidad de quien ocupaba tal plaza en los años veinte, sin saber si fue el primero en esta función. Se trata de José Alonso de la Torre quien dejó publicado un trabajo de divulgación titulado Algunas enfermedades del manzano cuya edición está fechada en «Tiñana, 1923» y del cual se conservan, al menos, dos ejemplares; uno en la biblioteca del Archivo Histórico Provincial y otro en la del RIDEA

    Hasta 1933, fecha en la que parece dejó de funcionar, la Estación Pomológica de Tiñana se dedicó a experimentar no solo en el apartado de las plantaciones de manzana, sino también, en el de sus derivados. Destaca en este aspecto la investigación en el ámbito de la producción de sidra refrescante baja en alcohol, destinada a ser embotellada en botellas de menor tamaño que la natural.
    Siero, Tiñana, quinta de Rodrigo Uría
    Con estos antecedentes, no es de extrañar que quienes recorran la carretera que asciende desde el Nora hasta el rellano cercano a la iglesia de Santa María de Tiñana, se impregnen de los aromas acidulados de los frutos de la Coloradona, Pericó, Raxao o De la Riega, especialmente si lo hacen desde mediados de octubre hasta finales de noviembre. Son muchos años de bien hacer en esto de la sidra. Por si estos mismos visitantes quieren conocer lo que en otro tiempo fuera la Estación Pomológica de Tiñana, desde este mismo lugar, desde las puertas de Casa Pin, deberán tomar la carretera que parte en dirección a Santa Marina. Al poco de comenzar la andadura, en la orilla izquierda del camino aparecerá la Quinta de Uría; una casona del siglo XIX con dos plantas, en la que destaca un magnifico corredor situado en su fachada sur y que está rodeada de una finca de más de 50000 metros cuadrados, en los cuales hace muchos años comenzó a sembrarse el prometedor presente de la industria de la sidra asturiana.



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