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Una enamorada de Asturias

Parque de El Rinconín, escultura Solidaridad, al fondo casa de Rosario de AcuñaQuienes decidan prolongar su paseo más allá del gijonés Muro de San Lorenzo se encontrarán, casi sin darse cuenta, caminando al borde de los acantilados por una senda que les conducirá hasta el parque de la Providencia.

Tras recorrer unos centenares de metros llegamos a las inmediaciones de la que en su día fue la residencia de una enamorada de Asturias: Rosario de Acuña y Villanueva, una madrileña nacida el primer día del mes de noviembre de 1850 (y no un año después, como por error se señala en la placa que allí mandó instalar el Ayuntamiento de la ciudad), que quiso vivir y morir en una tierra que había empezado a conocer y a querer en su juventud, cuando hasta aquí llegaba para que sus malheridos ojos recibieran la salutífera caricia de la brisa marina. Gijón, casa de Rosario de Acuña, placaLuego volvió muchas veces para recorrerla de oeste a este y de norte a sur, a lomos de un caballo o a pie. En 1909 se instala en El Cervigón, en esta casa sobre el acantilado, y aquí vivirá hasta su muerte ocurrida el 5 de mayo de 1923 (para conocer más sobre la vida y obra de esta mujer enamorada de Asturias, pulsa aquí).

Hacia 1915, contando ya con sesenta y cinco años, realizó un viaje que partiendo de Gijón la llevó a recorrer buena parte del occidente de la región (con los actuales trazados podemos calcular que recorrió unos cuatrocientos kilómetros... ¡caminando!).

«Mi última expedición fue salir de aquí a pie y, por la costa, contorneándola, llegar a Ribadeo; subir a Villaodrid, trasmontar la sierra Bobia y entrar en los Oscos… ¡Qué Oscos! ¡Qué riqueza de tierra! ¡Hace un siglo se fundía el hierro de sus minas con leña de roble; es decir, había bosques tan seculares y espléndidos como pueden ser los de los trópicos; hoy casi todos los Oscos son un desierto; pero sus brezales soberbios, sus aliagas gigantescas, sus praderías de verde esmeralda, están diciéndoles a los hombres: ¿Qué hacéis, que no utilizáis los tesoros de mi fecundidad? Si los Oscos se cultivasen intensamente, si se replantasen sus bosques, antes de veinte años toda aquella región sería un río de oro…

grabado de Rosario de Acuña»Por las sierras de Salime, bajando y subiendo aquellas agrias cuestas, donde medí un castaño que tenía once metros de circunferencia a la mitad de su tronco, ascendí la sierra de Rañadoiro, el fantástico cordal que permitía, sin vadear su río, llevar el oro de sus minas por la cumbre hasta los puertos de Navia y Luarca, labor que hicieron, primero los romanos, después, los árabes: ¡Bien se conoce en las escondidas aldeas de la región la influencia legendaria de aquellos pueblos!, por todas partes se habla de ninfas, odaliscas, dueñas de un poder soberano, repartidoras de tesoros escondidos en grutas, en bosques; por todas partes se habla del encantamiento de pepitas de oro, convertidas en polvo por no obedecer o por no amar o por no ser valientes y abnegados.

»Sierra de Rañadoiro, río de oro, vega de oiro, cuesta de oiro ¿qué riquezas inexploradas guardan aquellas montañas abruptas, dislocadas por derrumbamientos ciclópeos? Aquellos regatos de agua cristalina que serpentean por cañadas inverosímiles de escabrosas, ¿de dónde arrancan sus arenas de oro que esmaltan el lecho del Sil como constelaciones descubridoras de los tesoros que encierran los cordales del macizo de Fonsagrada, del nudo montañoso, abruptísimo, que forma por un lado los Oscos y por el otro lado El Bierzo?

»Por Grandas de Salime salí a Tineo, atravesando el puerto del Palo, y luego, por la Espina, a Salas, Grado y aquí; unos cuantos de leguas (las tengo consignadas en mis apuntes de viaje, que no tengo a la vista).

»Leitariegos, con sus asombrosas bajadas a Caboalles, y luego toda la ribera del Sil, desde su nacimiento en el Miño, fue también recorrido por mí en otras expediciones.

»El Nalón, desde sus fuentes principales, en las heleras majestuosas de la Nalona, hasta el deslumbrante panorama de su desembocadura en el Soto del Barco. Después las altísimas cumbres de toda la cordillera cántabra. Peña Ubiña, los picos de Mampodre (2.300 metros), cuyo último y más alto bloque fue escalado Rosario de Acuña,grabadopor mí a gatas. Las Brañas, de esmeraldino y dorado heno, adonde acuden los ganados merinos de Andalucía y Extremadura. Los Picos de Europa, que dominé en Torrecerredo, El Evangelista, La Silla del Caballo, habiéndome quedado incólume el Naranco de Bulnes, por ser insuperable a mis fuerzas su escalamiento. Luego los puertos de San Isidro, Tarna, Ventaniella, haciendo noche en sus cumbres, oyendo el aullar de los lobos a pocos pasos de mi campamento; espiritualizándose mi alma en contemplaciones ultraterrenas, rodeada de aquel silencio incomparable, entre los grandes neveros, en cuya diáfana superficie se reflejaban los lejanos soles que allá, en la infinitud del espacio, me abrían la misteriosa ruta de la eternidad, toda ella llena de promesas de Justicia y Amor, aquí abajo imposibles, como el aullar de las carniceras fieras me lo avisaba.»


                 ASTURIAS
Altas cumbres abruptas, coronadas
por el cendal de inmaculada nieve;
prados cercados de florida sebe;
maizales, viñedos, pomaradas.

Tupidísimas selvas intrincadas
donde el sol ni a penetrar se atreve;
regatos limpios de corriente leve
y ríos que descienden en cascadas.

¿Quién podrá descifrar tanta belleza
que Asturias toda guarda en sus rincones?
¡Cuando el hombre se libre de locuras

y odie al odio, y encauce las pasiones,
podrá vivir la vida de venturas
que ofrece una región con tales dones!

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(Pulsa aquí, si deseas conocer algo más de la vida y obra de doña Rosario de Acuña y Villanueva).

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