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Ribadesella: a la vera del mar, a la orilla del río

Ribadesella, vista desde la playa de Santa Marína A tenor de los vestigios encontrados en las cuevas de los alrededores, parece claro que la presencia humana en la zona se remonta al Paleolítico. No obstante, para poder hablar del primer núcleo urbano tendremos que esperar hasta la época romana, momento en el que, al parecer, surgiría un primitivo enclave portuario.

Desde entonces y gracias a su estratégica posición, los vecinos del lugar habrían obtenido provecho tanto del Sella como del Cantábrico; del tráfico marítimo y del  fluvial; de la pesca en unas y en otras aguas; y también de las explotaciones salineras. Esta activa dedicación al río y al mar se habría visto potenciada  cuando en tiempos de Alfonso X El Sabio obtenga la carta fundacional.

Ribadesella ilustración principios siglo XX

A pesar de su nueva situación jurídica, la por entonces denominada Puebla de Ribadesella fue presa de la codicia de algunos linajes nobiliarios que se hicieron con el control de su gobierno.
La pujanza de la zona portuaria era, claro está, la causa de las apetencias de la nobleza. Las fuentes de ingresos provenían de  la pesca, la de bajura y la del salmón en la ría; pero también la industria de salazones y la importación de sal, un negocio muy rentable pues estaba sujeto a monopolio y gravado con impuestos. No hay que olvidarse tampoco de la actividad generada en torno a la caza o pesca de la ballena, que aquí tuvo cierta importancia. 

Palacio de la familia Prieto-Cutre (siglo XVI)
En el siglo XVI las cosas empezaron a cambiar. Las guerras en las que se ve inmersa España por entonces (que obligaron a la fortificación del cerro de Guía, lugar donde también se construyo la ermita)  y la paulatina desaparición de ballenas en el Cantábrico, abocarán a la otrora pujante economía riosellana a una progresiva decadencia.

Capilla de la Virgen de Guía (siglo XVI)

En este tiempo, quizás para buscar alternativas al descenso del número de capturas de ballenas y de otras especies, se crea el Honorable Gremio de Mar y Puerto de Ribadesella, que será el organismo encargado de regular todo lo relacionado con las pesquerías, en especial con la del salmón que tenía como escenario la ría. No obstante, la pesca de salmones irá también disminuyendo y a mediados del siglo XIX el Gremio de Mar deja de existir.
Palacio de los Prieto (siglo XVIII)

Como si el definitivo cierre del Gremio hubiera actuado como detonante, muchos fueron los riosellanos que por entonces se embarcaron rumbo a América, de manera especial a Cuba. Curiosamente, serán algunos de ellos o, mejor dicho, los capitales que traen consigo al retornar tras la independencia cubana, los que contribuirán al despegue económico que experimentará la villa en los primeros años del siglo XX.

Chalet de los marqueses de Argüelles en la playa de Santa Marina (fotografía de 1912)

La llegada de capitales americanos reactivó la economía local con la apertura de comercios e industrias. Parte del dinero recién llegado se destina a la inversión inmobiliaria parte de la cual se localiza en la zona conocida como Arenal de Santa Marina, mucho más próximo a la villa desde que en 1898 se construyera el puente de hierro sobre el Sella.

El chalet que en 1911 se hicieron construir los marqueses de Argüelles  supuso el inicio de lo que, no tardando, sería una  urbanización de suntuosas residencias.

Chalet Piñán (1911)

Villa Rosario (1914)

Villa San Pedro (1917)


Chalet de Llano (1922)

El paseo que bordea la playa se ha convertido, por tanto, en un estupendo muestrario arquitectónico. Allí se encuentran algunos buenos ejemplos de algunos de los estilos más afamados en las dos primeras décadas del siglo veinte.


Tras el paseo por la playa de Santa Marina, admirando jardines, techumbres de tejas vitrificadas, torres que se alzan a la vera del mar, cruzamos el puente que pone fin al más conocido de los descensos de piraguas, para adentrarnos en la otra orilla, allí donde dicen que un ya lejano día Ribadesella empezó a ser lo que ahora es.

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