jueves

Por el litoral de Castropol: de Penarronda a Figueras

Llegados al concejo más occidental del litoral asturiano, enseguida avistamos las vecinas tierras gallegas. Su proximidad parece aventurar que el recorrido por la costa castropolense será más corto de lo que pensábamos, apenas un suspiro. Pronto descubrimos que no es así. A la altura de Punta de la Cruz, el Cantábrico inunda una gran ensenada que se adentra hacia el sur y, convertido en Ría del Eo,  como si se resistiera a abandonar la región, se  afana en acariciar con sus aguas  el límite occidental del concejo, y en ser el lugar de encuentro de Figueras, Castropol y Ribadeo, las tres poblaciones que llevan siglos mirándose desde su orilla.

Pues bien, el recorrido que os proponemos recorre la costa de Castropol entre la playa de Penarronda, en el límite con Tapia de Casariego, y la localidad de Figueras


Características
  • Tipo: lineal (i./v.)
  • Dificultad: ▲▲▲▲
  • Itinerario: Playa de Penarronda - Villadún - playa de Arnao - Lois- Figueras
  • Señalización: buena
  • Distancia: 14 kilómetros (i./v.)
  • Duración: unas cuatro horas

Situación y distancias


Distancias por carretera a Castropol, capital del concejo del mismo nombre



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Cómo llegar al punto de partida

La playa de Penarronda, lugar de inicio de nuestra ruta, se encuentra a unos seis kilómetros de Castropol. En sus proximidades, ya en tierras tapiegas, sobre un alto que domina el arenal, se encuentra la ermita de San Lorenzo, de fundación medieval. A su costado oriental, se halla un aparcamiento, donde además de estacionar  nuestro vehículo, podremos disfrutar de amplias panorámicas: hacia el oeste nuestros ojos alcanzan las edificaciones de la costa lucense; hacia el este, la silueta inconfundible de Tapia de Casariego (ver mapa)

A nuestros pies, la playa de Penarronda, un arenal de unos seiscientos metros de longitud que fue declarada  Monumento Natural en 2002 por sus altos valores ambientales, siendo de destacar el amplio sistema dunar
en el que se encuentran algunas especies protegidas como la adormidera marina o el alhelí de mar.





Después de fotografiar una y otra vez el redondeado peñón que da nombre a la playa, abandonamos Penarronda por un camino de zahorra que asciende por su costado occidental.
Al final del repecho  la mirada hacia el este alcanza a reconocer sobre la rasa costera la silueta de Tapia de Casariego.

Desde la Punta del Cuerno, estratégico asentamiento castreño, el sendero se aleja un tanto de los acantilados para, tomando dirección suroeste, atravesar pastizales donde el ganado sestea a orillas del mar. Nos acercamos a Villadún, pequeña localidad donde podremos admirar algunos buenos ejemplos de construcciones tradicionales.



El camino toma dirección noroeste, acercándose de nuevo al mar. Llegamos al área recreativa Campo de Arnao, en la cual, además de los equipamientos habituales en este tipo de espacios, encontramos una laguna de agua dulce, con juncos y espadañas, donde nidifican diferentes aves acuáticas.


Tras circundar el área, nos aproximamos de nuevo a la zona de acantilados.



Seguimos el marcado sendero que bordea el litoral hasta encontrarnos con una bifurcación, que en realidad no es tal, pues la desviación a la derecha nos llevará al pequeño faro enclavado en la Punta de la Cruz, desde donde contemplaremos una buena panorámica de la ría del Eo; luego deberemos regresar a este mismo punto para proseguir nuestro camino.


Ya hemos divisado la playa de Arnao y, aunque el trazado del camino la esconda por momentos, sabemos que no queda mucho para llegar hasta el arenal.



Dejamos la playa para dirigirnos a Figueras. Aunque parte del trayecto discurre por asfalto, la visita  bien merece atravesar un par de glorietas.
Llegados a esta bella localidad marinera, lo mejor es dirigirnos al muelle. Allí, junto al puerto deportivo, no sólo podremos echar una mirada diferente a Castropol, la capital del concejo, sino también contemplar el palacio de los Pardo Donlebún, edificio construido en el siglo XVII cuando Arias Pardo de Donlebún adquirió el señorío que antes fuera ejercido por el marquesado de Astorga.



En el camino de regreso, ascendiendo por las callejuelas, encontraremos algunas edificaciones interesantes como la iglesia parroquial, del siglo XVIII, o la Torre del Reloj, antigua sede de las escuelas y que hoy acoge la biblioteca. En la parte alta, un indicador nos dirige al barrio de Cotarelo donde se encuentran algunos buenos ejemplos de casonas de indianos. Entre todas ellas destaca el conocido como Palacete Granda o Chalet de doña Socorro, convertido actualmente en una instalación hotelera.

El edificio, de clara inspiración modernista, fue construido en 1912 con estructura de hormigón armado, lo cual no era muy frecuente en las viviendas unifamiliares cuando el siglo apenas había iniciado su andadura.

Tras el agradable callejeo por Figueras, toca ahora emprender el regreso, disfrutando de nuevo de las panorámicas que nos aguardan a la vera del camino.


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