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Por la sierra del Monsacro

En el centro de Asturias se encuentran dos de las sierras cuyo nombre resuena en la mente de la mayoría de los aficionados a la montaña: Aramo y Monsacro (también llamado La Madalena). Si la primera cuenta con picos de mayor altitud (La Gamonal, 1712; Gamoniteiro, 1788), la segunda ofrece, con menores exigencias para el caminante, unas vistas espectaculares... y un cierto aire esotérico, no sólo por el hecho de que estas cumbres fueran desde antiguo lugares de culto a los dioses, sino también por las historias que hablan de tesoros escondidos por la zona. Por si ello fuera poco, en la sierra del Monsacro existen dos capillas medievales, una de las cuales, de planta octogonal y construida sobre un conjunto tumular megalítico, estaría relacionada con los templarios.
Razones no faltan, pues, para ascender hasta el Monsacro y visitar las famosas capillas.

 Características
  • Tipo: ascensión
  • Dificultad: ▲▲▲▲▲
  • Desnivel: 310 metros
  • Señalización: buena
  • Distancia: unos cinco kilómetros y medio (i/v)
  • Duración: alrededor de dos horas y media

Situación y distancias

Distancias por carretera a Santa Eulalia, capital del concejo de Morcín


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Cómo llegar al punto de partida
Varias son las rutas de acceso al Monsacro. Probablemente la más conocida sea la que asciende por su cara noreste partiendo de La Collá. Es el camino que utilizan tradicionalmente quienes acuden a la Fiesta de Santiago que se celebra cada 25 de julio en la Vega les Capilles. También se puede acceder desde Viapará. Nosotros os proponemos la ruta que asciende por el sur, desde  Los Llanos, localidad que dista unos diez kilómetros de la capital del concejo.  Desde Santa Eulalia, tomamos la N-630 en dirección a Mieres; a unos tres kilómetros nos desviamos hacia Riosa; al poco de cruzar La Foz encontramos a la derecha la carretera ascendente que nos llevará primero a Otura y luego a Los Llanos (ver mapa).





Dejamos el coche y, antes que nada, no podemos menos que pararnos a saborear con deleite los paisajes que contemplamos hacia el sur. Al fondo del valle, muy al fondo, La Foz.


Bueno, pues esto no ha hecho más que empezar. Consultamos el panel informativo de la ruta y comenzamos a ascender por una pista hormigonada. No hay pérdida: todo para arriba.
La ascendente ruta por la que caminamos, conocida como Camino del Cintu, se mejoró con motivo de la construcción de las torres de un antiestético e invasor tendido eléctrico para el cual debió de buscarse otra alternativa. Al poco de salir de Los Llanos encontramos una de estas torres que, según parece, no resulta escenario extraño para el ganado de la zona. No tardando, el camino avanza libre hacia el Collao de Entrepuertes.












Al sur, las crestas de las montañas se enseñorean del paisaje,  libre del tendido.

 
Arriba, la rapaz agita el cielo como si nada.


Al norte, al pie del camino, el tejo se abre paso entre la roca.

Y con éstas, congratulándonos de la tenaz resistencia que la Naturaleza exhibe ante las torpezas de los humanos, llegamos al Collao de Entrepuertes, puerta de paso a la vertiente norte de la sierra.

Tras un pequeño descenso, el bien marcado camino sigue ascendiendo, aunque ahora la pendiente es menos pronunciada.




Tras superar un último repecho, llegamos a la Vega de las Capillas o Mayáu les Capilles. Abajo, al fondo, la capilla de La Magdalena precedida de una pequeña laguna o charca artificial que los ganaderos de la zona construyeron, en sustitución de una natural que antaño había en el lugar.



Al acercarnos, la perspectiva cambia: la ermita queda por encima de nuestros ojos y tal pareciese que al otro lado estuviera el vacío. No hay tal, que lo que desde allí se contempla es una espléndida panorámica de la ciudad de Oviedo.


Volvemos sobre nuestros pasos para dirigirnos a la otra ermita, la de Santiago, que  está rodeada de mayor misterio. Para empezar, hay que referirse a su planta octogonal, una de las características que, según algunos autores, la situarían en la órbita de la Orden del Temple; otros, en cambio, creen que tal estructura tendría que ver con la construcción megalítica sobre la que se habría edificado.
En el lado sur, el opuesto a la portada con arco medio punto que vemos en la fotografía, hay un espacio excavado en la roca, la llamada «Cueva del ermitaño». En el cuerpo central se encuentra el denominado «Pozo de Santo Toribio», cuya localización coincidiría con el pozo dolménico.

Pues bien. Desde la ermita de Santiago a la cima del Cuitu Romiru (o pico Monsacro, según el cartel instalado en la cumbre en el año 2000 por el grupo de montaña El Civilu) hay que salvar un desnivel de algo menos de doscientos metros. No es grande el esfuerzo. De todas formas, quien quiera dar aquí por finalizada la excursión habrá disfrutado de toda la magia y el esplendor que atesoran estas montañas desde tiempo inmemorial. Antes de bajar, no está de más recordar el dicho popular: 

«Si vas a la Magdalena,
cuando vuelvas tráeme un cardo.
A ti te servirá de alivio
y a mi me das un regalo.»

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