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Bandujo: la aldea recuperada

Encaramada a cerca de setecientos metros de altura, en las laderas que descienden de La Mostachal, a Bandujo hay que ir, no te la encuentras de paso a cualquier otro lugar. De hecho la carretera que hasta allí conduce se abrió en los años ochenta del pasado siglo XX. Hasta entonces, a esta aldea del concejo de Proaza no llegaban ni los automóviles, ni la luz eléctrica, ni tampoco el agua corriente...

Y es este aislamiento,  este alejamiento de cambios y mudanzas, lo que ha posibilitado que en la actualidad pueda lucir resplandeciente  en el privilegiado escenario en el que se encuentra.

De su rico patrimonio destaca sobremanera la torre bajomedieval, conocida como Torre de Bandujo o  de Tuñón, que conserva buena parte de sus elementos constructivos originales pues, como bien se encargan de contar los vecinos, tan sólo se ha reformado la techumbre.


De  planta circular y muro de mampostería en el que se abren varias ventanas y saeteras distribuidas en distintos niveles,  se divide en cuatro plantas con cubierta cónica. En el interior, conserva la primitiva distribución medieval.

No muy lejos de la torre, se encuentra la iglesia de Santa María que, según los datos disponibles, es la más antigua del concejo, pues ya consta en algunos documentos de principios del siglo X, por más que el edifico actual sea posterior a esa fecha, conservando de su fábrica románica algunos elementos constructivos.

Las reformas posteriores han configurado el aspecto que ahora nos muestra: un edificio de reducido tamaño con una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón.

A pesar de la importancia de estas dos edificaciones, lo realmente interesante de Bandujo es el conjunto, la estampa completa,  la sabia  fusión de paisaje y paisanaje, que nos transmite la sensación de haber recuperado un pasado común, de encontrarnos en un escenario que nos es propio.

Alejado de las vías de comunicación que durante el siglo XIX se fueron abriendo allá abajo, en la ribera del Trubia, alejado del ferrocarril que unía las minas de Quirós con la fábrica de Trubia y que transportaba el carbón tevergano, Banduxo ha sabido o ha podido  preservar un interesante conjunto arquitectónico en el que, además de la torre, la iglesia y algunas casonas señoriales, encontramos una variada muestra de arquitectura popular de época moderna y contemporánea.


Tras recorrer pausadamente Bandujo, pateando las calles que unen los barrios de El Palacio, El Toural, Campal y La Molina, bien podemos afirmar que no sólo hemos disfrutado del espacio, un escenario singular, sino también del tiempo o, mejor, de la quietud, de la ausencia de prisa, pues los vecinos que te encuentras parecen no tenerla a la hora de contestarte a las preguntas que les haces sobre el lugar. Fueron ellos quienes nos animaron a volver, pero no por la carretera que llega desde Proacina, sino por el antiguo camino viejo, por el de toda la vida, que partiendo de una parada de autobús, en la carretera que conduce al puerto de Ventana, y siguiendo el curso del río Valdemoro asciende por la ladera cruzando un precioso bosque...

Está claro que habrá que hacerles caso y volver a Bandujo por el camino de toda la vida.

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