sábado

Los Oscos



Un siglo atrás, Rosario de Acuña y Villanueva (ver), una madrileña que quiso vivir y morir en Asturias, emprendió un viaje a pie por el occidente de Asturias. Aquella extraordinaria mujer, una incansable viajera que había recorrido buena parte de España, quedó maravillada con aquella aventura. Al menos eso es lo que se puede deducir de las palabras que dejó escritas poco después:



« ¡Mi última expedición fue salir de aquí a pie y, por la costa, contorneándola, llegar a Ribadeo; subir a Villaodrid, trasmontar la sierra Bobia y entrar en los Oscos…
 ¡Qué Oscos! ¡Qué riqueza de tierra! [...] sus brezales soberbios, sus aliagas gigantescas, sus praderías de verde esmeralda...».
Aunque  doña Rosario de Acuña siguiera otro itinerario, en la actualidad la puerta de acceso para quienes desde la costa se quieran dirigir a Los Oscos, se encuentra en el puerto de La Garganta, a donde llegaremos por la carretera AS-11 después de recorrer los 18 kilómetros que lo separan de Vegadeo. El camino es ascendente, para recorrer sin prisa alguna. Zigzagueando por la montaña alcanzamos el mirador que se encuentra en el alto, parada obligatoria para quienes quieran contemplar a vista de pájaro la costa, donde fácilmente reconoceremos la Ría del Eo.



Villanueva de Oscos
Franqueada la puerta de La Garganta, entramos en el concejo de Villanueva de Oscos, el de mayor extensión de la comarca. Seis kilómetros más adelante nos encontramos con la capital del concejo, una localidad con menos de cien habitantes que tuvo su origen en la primera mitad del siglo XII, cuando en el lugar se estableció una comunidad de benedictinos. El asentamiento monacal impulsó la economía de la zona: la agrícola y ganadera, al principio; la metalúrgica, más tarde.

Del primitivo conjunto monástico de Santa María, se conserva buena parte de su iglesia románica; el resto del edificio fue reconstruido en el siglo XVII con hechuras barrocas, que el visitante podrá reconocer en las zonas que aún se mantienen en pie.




Santa Eulalia de Oscos
Desde Villanueva salen dos carreteras que conducen a las capitales de los otros dos concejos de Los Oscos. Ponemos rumbo al suroeste, a Santa Eulalia, para luego ir a San Martín y desde allí retornar a Villanueva. Después de recorrer unos 11 kilómetros por una carretera que atraviesa parajes maravillosos que nos obligan a parar el coche en más de una ocasión, llegamos a Santa Eulalia de Oscos, capital del concejo del mismo nombre.
Un paseo por su calle principal nos conducirá sin mayores problemas hasta la iglesia parroquial, un edificio de los siglos XVII-XVIII en el que destaca el pórtico y su torre de sección cuadrada. Aunque en el lugar no falta alguna que otra casa blasonada (como la de Pruida, tan antigua como la iglesia), lo que más llama la atención del paseante es el  cuidado aspecto del conjunto de las edificaciones, con varios establecimientos dedicados a la atención del visitante, muestra evidente del  papel creciente que el turismo va asumiendo en la economía de la zona.





San Martín de Oscos
Tras la visita a Santa Eulalia, tomamos la carretera AS-33 en dirección a San Martín de Oscos, localidad que se encuentra a una distancia de unos diez kilómetros.  Durante el trayecto tendremos ocasión de reconocer los «brezales soberbios» y las «praderías verde esmeralda» que doña Rosario viera hace más de un siglo.


Una vez en San Martín, no podremos menos que contemplar con detenimiento el sobrio porte de la iglesia parroquial, una edificación de una sola nave de planta de cruz latina que fue construida hacia 1826. Del exterior destaca el pórtico, que la rodea, y la espadaña.


En las proximidades de la iglesia, se encuentra la Casa de los Guzmán de Vegadeo,  construcción de mediados del siglo XVIII que en su origen estuvo destinada a actividades agropecuarias y que a finales del pasado siglo fue rehabilitado para albergar diversas dependencias municipales.


Antes de emprender el viaje de regreso, merece la pena acercarse hasta la aldea de Mon, que dista  unos cinco kilómetros de la capital del concejo, para visitar un conjunto palaciego del siglo XVI-XVIII  el cual, al decir de algunos, es una de las joyas arquitectónicas de la comarca Oscos-Eo.

Avanzas por una carretera sombreada por robles, abedules y castaños, atento al dibujo del camino, que por momentos parece estrecharse un poco más,  y cuando ya todo parece indicar que en algún cruce has tomado la opción equivocada, sobre un promontorio aparece medio oculto el edificio que andabas buscando: el palacio de Mon.

Si la primera visión, de la fachada norte, ya resulta sorprendente,  más lo será  la que se encuentra en el lado opuesto, mucho más trabajada y decorada. En sus extremos cuenta con dos torres, una de ellas más antigua pues está datada en el siglo XVI. Entre ambas, la fachada sur se estructura en dos pisos, contando el superior con tres balcones ornamentados con molduras mixtilíneas. A ambos lados del central se disponen dos grandes escudos nobiliarios con las armas de las casas de Valledor, Ibias, Velarde y Mon. 


Con la compañía de toda la belleza que hemos visto, con los recuerdos de alguna caminata pasada por el Chao de Bureiros, las orillas del Vilanova o el robledal de Pacios, emprendemos el camino de retorno hacia Villanueva de Oscos, sin prisa, deleitándonos con la quietud de las imágenes que contemplamos, al tiempo que recordamos aquellas frases pronunciadas en los primeros años del siglo XX: 

 «¡Qué Oscos! ¡Qué riqueza de tierra! [...] sus brezales soberbios, sus aliagas gigantescas, sus praderías de verde esmeralda...».

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