jueves

Al son del indiano

Al son del indiano, imagen exterior La primera vez que nos acercamos  hasta Malleza —de esto hace ya unos cuantos años— fue buscando una casa de comidas que alguien nos había sugerido. Fue toda una sorpresa.

Salimos de Pravia por la carretera que conduce a Salas: al principio, un idílico valle; luego el asfalto se fue empinando y la nieve, que había caído con ganas en los días anteriores, se amontonaba en las cunetas. ¿Dónde nos hemos metido? ¿Seguro que vamos bien por aquí? Al llegar a un lugar que llaman La Granja dudamos si nuestro destino sería un palacio  que allí se encuentra. Decidimos seguir adelante, giramos a la izquierda y aparcamos el coche a la vera de la iglesia parroquial. Por entonces no había ningún letrero con el nombre del local, pero tenía que ser allí, pues, de eso no había duda, estábamos en Malleza, Salas.

logo casa de comidas

  Restaurante Al Son del Indiano
Plaza Conde de Casares, 1 
Malleza, Salas (ver mapa
Teléfonos: 985 835 844 - 985 835 825



En las proximidades del templo, vimos la puerta abierta de lo que parecía ser un chigre. Entramos. Sólo había un cliente apoyado en el mostrador; detrás un joven que oficiaba de camarero. «Veníamos a comer». Y aquí vino la primera: «¿Han reservado mesa?». Miramos a nuestro alrededor para confirmar que no había nadie más que nosotros y contestamos con un no sorprendido y extrañado. Tras consultar por un interfono, el camarero nos franqueó el paso al piso superior. Habíamos superado la prueba.
Vista de uno de los comedores de Al son del indianoSaludamos a los comensales de la única mesa que estaba ocupada y tomamos posesión de nuestro asiento. Bueno, y ahora a comer. «En aquella pizarra tienen nuestras especialidades; a la izquierda, los primeros; a la derecha, los segundos». En éstas estábamos cuando aparece el locuaz  Paulino Lorences, todo bonhomía e ilustración: «Lo único que no tengo es el Paté de foie, porque con la nieve no han podido subir los camiones que nos suministran». De aquella disfrutamos de un sorprendente Pastel de ortigas y de un delicioso Bacalao a la asturiana. A los postres (todavía nos acordamos de uno elaborado a base de chocolate), Paulino nos deleitó con su fluido y acerado verbo. Nos habló de la historia del local: un edificio construido a finales del siglo XIX para convertirse en una de las  tiendas mixtas que tanta vitalidad dieron a los núcleos rurales asturianos. Tras la construcción de los pisos superiores, se convirtió años después en fonda.  Para terminar una visita a la exposición de la planta baja; un paseo por el pueblo... ¡Ah!, por cierto, a la salida comprobamos que el local estaba completamente lleno.

Durante el regreso, coincidimos en que el recorrido mereció la pena. ¡Había que volver!

Y volvimos. Volvimos varias veces y fuimos testigos de los cambios. Se efectuaron algunas reformas en el local. La planta baja cobró nueva vida y el remozado bar se vio complementado con una confortable sala y una tentadora terraza.

Al son del indiano, vista del bar Al son del indiano, vista del interior Las modificaciones también llegaron a la carta. El Bacalao a la asturiana («más salado que el que se come por ahí, porque sólo se lo tiene en remojo veinticuatro horas») se transformó en Bacalao confitado al aroma de ajo y manitas de cerdo guisadas; el Pastel de ortigas dejó paso a unas Croquetas líquidas de ortigas con queso de cabra y reducción de remolacha... Paulino Lorences había cedido el timón, la gestión del día a día,  a  quien le había acompañado desde los inicios del proyecto: Luis Rubio, un apasionado de los pucheros que tan pronto está transmitiendo sus saberes a quienes quieren progresar en esto de la cocina, como participando en debates y congresos, o divulgando sus recetas en alguna que otra emisora de radio o cadena de televisión.

La oferta se fue completando poco a poco: Menú del día, Menú fin de semana, Menú degustación... La  carta, sin perder la línea de la casa que desde los inicios ha apostado por una visión creativa de la cocina clásica,  fueron prendiendo nuevas propuestas: Pechuga de pato con plátano, canela y trufa de foie, Bocadito de hojaldre con cebolla confitada, trucha de Barganeiro, afuega´l pitu roxu y caramelo de sidra, Repollo relleno de carne guisada con su salsa y puerro crujiente, Rape en dos cocciones con costra de almendras sobre yogurt de albahaca, Torrija de pan de leña con salsa de vainilla y sorbete de vino especiadoun espléndido Solomillo de jabalí con puré de coliflor, y castañas salteadas con jamón (RECETA)...

Si estás pensando en pasar un buen día por el concejo, si quieres visitar la histórica villa de Salas o  si piensas recorrer el Sendero del salmón, ya sabes que en Malleza cuentas con una casa de comidas muy recomendable.   ¡Ah! Para que no os suceda lo que nos pasó en nuestra primera visita, no estaría de más que reservaras  con antelación.


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