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Por el bosque de Peloño

imagen del bosque de Peloño El bosque de Peloño es uno de los mejor conservados y más espectaculares de Asturias: una gran mancha de unas 1500 hectáreas que tiene a la faya (haya, fagus sylvatica) como gran protagonista, aunque tampoco falten ejemplares de otras especies, alguno con especial atractivo, como ya veremos.

A la belleza propia de los bosques, más si cuentan con ejemplares centenarios,  une el de Peloño la de su entorno, pues los parajes que rodean la hoya en la que está enclavado son de los que no se olvidan fácilmente.

 
Características
  • Tipo: lineal
  • Dificultad: ▲▲▲▲▲
  • Desnivel: 585 metros
  • Itinerario: Collado Llomena - Les Bedules - Collado Granceno - Roblón de los Bustiellos  (y regreso)
  • Distancia:  alrededor de 15 kilómetros
  • Duración: unas cuatro horas y media

Situación y distancias

Distancias por carretera a San Juan de Beleño, capital del concejo de Ponga



Mapa concejo de Ponga y tabla de distancias
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Cómo llegar al punto de partida

Indicador del desvío hacia la zona de Les BedulesAunque son muchos los que para adentrarse en este bosque espectacular llegan en vehículo hasta la zona de Les Bedules, nosotros preferimos dejarlo más abajo, en el collado Llomena. De esta forma podemos disfrutar  del colorido escenario mientras caminamos sin prisa por la pista. Así es que comenzamos  este recorrido por el Parque Natural de Ponga en el collado de Llomena, en el kilómetro 7 de la carretera PO-2, que une San Juan de Beleño con Puente Vidosa.

Una vez allí, toca caminar por la pista que nos conducirá hasta Les Bedules: Una caminata tranquila y placentera durante la cual disfrutaremos del verdor, del verdín, del verdoyo, de la verdina que el otoño va salpicando de un sinfín de ocres. A cada curva, una fotografía. Encuadrar y disparar. Allí, hacia el suroeste, aparece la silueta del Cordal de Ponga, con los casi dos mil metros del Tiatordos como punto culminante. Si miramos un poco más al norte  y destacando sobre el verde nos topamos  con Abiegos y Taranes y, al fondo, Peña Taranes


Vista del Tiatordos desde el camino Vista de Abiegos, Taranes y Peña Taranes

Otra vista del Tiatordos desde el camino
Casi sin darnos cuenta, tras media hora de tranquila caminata apenas alterada por algún coche cuyos ocupantes, allá ellos, prefirieron contemplar este paisaje desde la ventanilla, llegamos a Les Bedules: parada obligada. La verdad es que, aunque tan sólo fuera por lo que desde aquí se divisa ya habría merecido la pena. Hasta aquí nuestra mirada se ha dirigido casi siempre hacia el Oeste, toca ahora, la mirada libre de obstáculos, ampliar la panorámica. Y así, mirando hacia el Este, por encima de Peña Salón, aparece la silueta del macizo del Cornión y a la derecha,  Peña Santa de Enol, con sus 2476 metros de altura.

Vista del macizo del Cornión

Bien está para empezar. Toca ahora caminar hasta el collado Granceno, considerado el inicio propiamente dicho del bosque de Peloño y aún nos queda un trecho.

Tras un recorrido de una hora y cuarto más o menos, empezamos a adentrarnos en el bosque de hayas que hemos venido a buscar. 


Inmediaciones del bosque Vista de los primeros tramos del bosque
Una vista de las hayas

A partir de ahora, caminamos por un paisaje impregnado de verdes, ocres y amarillos. Las hayas dominan el escenario. Son las protagonistas principales... Pero no son las únicas. Y no tardamos en comprobarlo, pues cuando llevamos unos dos kilómetros recorridos encontramos una señal que nos dirige al llamado Roblón de los Bustiellos (o Roblón de Bustiello), catalogado como Monumento Natural.

A medida que nos acercamos, vemos la copa de este centenario árbol sobresaliendo por encima de los demás. A cierta distancia no parece que sea para tanto, pero cuando llegamos hasta él no queda duda alguna de su envergadura. El tronco tiene unos ocho metros de perímetro... No hay brazos suficientes para rodearlo.

Vista del Roblón de Bustiello Vista del tronco del Roblón de Bustiello

Una vez retornados al camino, las fayas recuperan el protagonismo que tienen en esta zona, el denominado Monte los Bustiellos (de ahí la denominación del roble centenario). Una vez aquí, lo que hay que decidir es cuándo dar la vuelta y en esa decisión influye mucho las horas que nos resten de luz. Nosotros decidimos dar la vuelta cuando llevábamos recorridos unos dos kilómetros desde la desviación al Roblón.
Hay quien se llega hasta la collada Guaranga, que es donde termina el camino. En ese caso estaríamos hablando de una distancia total de unos veintisiete o veintiocho kilómetros en unas ocho horas. Tú decides.
En cualquier caso, habrá merecido la pena.
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