jueves

Mieres: un castillete en el Camino

No se encuentran fácilmente, pero sí que existe algún que otro indicador con la denominación MIERES DEL CAMINO. La economía del habla de los nativos  y  el desconocimiento de los foráneos han generalizado el uso del topónimo en su versión reducida, de manera tal que  casi todos los mapas y la práctica totalidad de los indicadores situados en carreteras y autovías llaman Mieres a la villa, por más que la denominación oficial sea, desde febrero de 2009, la de Mieres del Camín. Y es una pena, porque esa referencia al Camino, que lleva unida a Mieres desde hace varios siglos (al menos desde el siglo XV, como así lo atestiguan algunas referencias documentales), alude a una parte dilatada de su historia, caracterizada por ser hito de importancia en uno de los  ejes  de comunicación entre Asturias y la Meseta.

Por el lugar pasaba la vía romana que no lejos de allí, en las proximidades del actual Ujo, se bifurcaba para franquear la cordillera por los puertos de La Carisa y San Isidro.
Siglos después, en Mieres se localizaba un albergue para los peregrinos que tomaban la variante del Camino de Santiago que desde León se dirigía a la catedral de San Salvador de Oviedo. La zona contaba con lugares de gran atracción para el caminante, pues no lejos de la villa mierense se localiza la aldea de San Justo (localidad más antigua del concejo que se encuentra en el itinerario que recorre el Cordal de Urbiés)   en cuya ermita,  con referencias escritas que datan de mediados del siglo IX, unos monjes habrían depositado los restos de los mártires San Justo y San Pastor.

Así que durante buena parte de su historia, Mieres fue creciendo a la vera del Camino, a partir del primitivo núcleo que se formó, en el lugar que hoy ocupa el barrio de La Villa,  pegado a la montaña y alejado de  de las periódicas crecidas del río.  Hasta mediados del siglo XIX, el escenario debió de ser bien similar al de otras zonas de la región con dedicación exclusiva a las tareas del campo: hórreos, paneras, llagares, molinos, mazos, batanes y, junto a las viviendas campesinas, alguna que otra casa señorial. Como el palacio de Camposagrado, construido en el siglo XVII en el solar que había ocupado una torre medieval y que actualmente alberga el Instituto Bernaldo de Quirós, o el palacio de los Álvarez Castañón, más conocido como Casa Duró, un edificio barroco levantado en 1698 que hoy acoge un centro de arte.

El panorama empezó a cambiar a mediados del XIX, una vez que quedó confirmada que en el subsuelo de la zona había suficiente hierro y carbón como para montar una moderna siderurgia y con ese objetivo se constituye en 1844  la  Asturian Mining Company, la cual, tras la adquisición de varias minas de carbón en la zona, decidió instalar la fábrica en las inmediaciones del río Caudal.
Mieres del Camino inició entonces su transformación. Aquella pequeña localidad dedicada a la agricultura y la ganadería pasó a convertirse en uno activo foco de la industrialización  española y en un referente del movimiento obrero.
El visitante atento encontrará en el paisaje urbano algunas de las huellas de esta historia reciente.


Ayuntamiento

El edificio de la Casa Consistorial es una edificación del año 1862,  proyectado por el arquitecto Lucas María Palacio  con los planteamientos propios del  eclecticismo, esto es, tomando elementos procedentes de otros estilos y otras épocas.
La fachada principal se estructura verticalmente en tres pisos y buhardilla, con un pórtico con cinco arcos carpaneles en la planta baja.


Mercado de abastos (1907)



A finales del XIX se levantan en Asturias los primeros mercados con estructura metálica. Cuando, en los inicios del nuevo siglo,  las autoridades municipales deciden construir un mercado municipal que esté en consonancia con la importancia que por entonces ha adquirido la villa, encargan el proyecto al arquitecto Juan Miguel de la Guardia quien, como ya ha demostrado en   la construcción del mercado del Progreso en Oviedo (1887) y el de Villaviciosa (1901), es capaz de conjugar la utilización de una estructura interior de hierro, manteniendo un aspecto exterior más tradicional y adaptado al entorno urbano en el que se ubica. 

Grupo Escolar Aniceto Sela

Este edificio de 1925, conocido también como Liceo o Liceo Mierense, fue construido siguiendo el proyecto del arquitecto municipal Avelino Díaz Omaña quien, influenciado quizás por el Art Decó, prestó especial atención a la ornamentación  de las fachadas, disponiendo un tipo de ventana para cada planta y utilizando el ladrillo como elemento de estructuración y decoración.

Iglesia de San Juan Bautista















 Inaugurado en el año 1928, este templo de estilo neobarroco vino a reemplazar a la iglesia románica que se alzaba en el mismo solar y que había sido demolida un año antes. De planta de cruz latina con tres naves, en la fachada principal destaca el gran pórtico, rematado con frontón, a cuyos lados se disponen dos torres poligonales. 

 Gracias a la pujanza de las empresas siderúrgicas y mineras asentadas en la zona, al finalizar el primer tercio del siglo XX  Mieres se ha convertido en una de las villas más pobladas de la región, pujante capital de un concejo que en esos primeros treinta años del siglo duplica con creces (236 %) el número de sus habitantes, pasando de 18 083 en 1900 a 42 787 en 1930. El crecimiento continuará, aunque con menor ritmo, hasta la década de los sesenta (en 1964  la población del concejo llegará a los 75 430 habitantes).

La crisis de los años setenta y ochenta, con la caída en picado de la producción minera, se lleva por delante buena parte de su tejido industrial y, con él, una etapa de la historia de Mieres del Camino. Son tiempos de propuestas, de cambios. Se apuesta por construir una villa más abierta, más acogedora.





Se embellecen los rincones más emblemáticos (La Villa, Requejo...) Se abren nuevos centros de ocio. Se dirigen los focos hacia un entorno rural, muy cercano y de gran atractivo (véase, como ejemplo, las rutas que recorren el valle del Cuna y  el  cordal de Urbiés.)

Y se realiza una apuesta decidida por el conocimiento, construyendo en los terrenos que antes ocupara el Pozu Barredo, el Campus de Mieres, en cuyas instalaciones se ubican la Escuela Politécnica, el Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (INDUROT), el Centro de Innovación Tecnológica y el Centro Europeo de Soft Computing.  



A Barredo llegaba a finales del siglo XIX el carbón que Fábrica de Mieres extraía de Mina Mariana. En los años veinte del pasado siglo la empresa abrió el Pozo Barredo, que cuatro décadas más tarde se integraría en HUNOSA al constituirse ésta. En el mes de marzo de 1995 el Pozo Barredo cesó sus actividades extractivas.
En la actualidad el castillete del Pozo, situado a escasos metros del edificio universitario, se mantiene en pie... a la orilla del Camino.


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Propuestas

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Ruta del Ouroso

Taramundi, vista de la zona norte del concejoAunque los paisajes asturianos tengan un tono común, fácilmente identificable por las miradas más entrenadas, cierto es que cada uno de sus valles y cada una de sus montañas nos ofrecen panorámicas bien diferentes. Quizás sea por eso, por la rica diversidad que se esconde en cada uno de los muchos pliegues de su geografía, que Asturias sea la única de las regiones españolas que, sin ser archipiélago,  muestra a las claras su pluralidad en su mismo nombre. 

Hablar de la diferencia entre la zona oriental y occidental es hablar del origen mismo de la tierra. Terrenos jóvenes en el este que, plegados en la Era Terciaria, elevan altivos sus crestas calizas; terrenos más viejos al oeste, maduros y calmos, que a lo largo de su longeva vida han ido modelando suaves paisajes de pizarra y verde. Los montes en el occidente son, ciertamente, de menor altura que los del resto de la región, pero como quiera que también lo son las tierras que los circundan, desde sus cimas podremos observar panorámicas no menos sorprendentes.  Tal ocurre con el  Ouroso, un monte de poco más de mil metros de altitud convertido en la cima del concejo de Taramundi, en cuya ascensión contemplaremos esplendorosos paisajes que alimentarán convenientemente nuestros sentidos. 


Características
  • Tipo: lineal (i./v.)
  • Desnivel: 320 metros
  • Dificultad: ▲▲▲▲▲
  • Señalización: buena 
  • Sendero homologado:   PR- AS 102
  • Distancia: 9´6 kilómetros
  • Duración: unas tres horas y media

Situación y distancias


Distancias por carretera a Taramundi, capital del concejo del mismo nombre 

Taramundi, situación y distancias
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Cómo llegar al punto de partida
Taramundi, ruta del Ouroso, punto de partidaLa ruta que conduce al alto del Ouroso se inicia en Teixo, localidad perteneciente a la parroquia de Bres que dista unos nueve kilómetros de Taramundi.
Para el acceso tendremos que desplazarnos por la AS-21 hasta Bres, donde tomaremos la carretera que, tras recorrer algo menos de cinco kilómetros, nos conducirá hasta el edificio de las antiguas escuelas, actualmente convertido en un confortable albergue.    En sus  inmediaciones disponemos de un amplio aparcamiento, situado al borde de un área recreativa con arbolado de la zona. En la parte posterior del albergue, al lado del panel informativo,  se encuentra el inicio de nuestra ruta (ver mapa).

Empezamos a caminar por una pista forestal que asciende  teniendo el este como referente. A ambos lados del camino las plantaciones de pinos se adueñan del paisaje.

Taramundi, ruta del Ouroso, primeros tramos Taramundi, ruta del Ouroso, pino

A medida que ascendemos aprovechamos los claros que se abren en los pinares para contemplar los pasos que ya dimos: la carretera que nos trajo desde Bres, algunas de las viviendas de Teixo, el albergue, el área recreativa con arbolado de la zona debidamente etiquetado para que todos sepamos cómo se llama cada cual...

Taramundi, vista de la zona del alberge de Teixo

Tras un trecho de camino que nos llevado más arriba aún, echando la vista al norte alcanzamos a ver entre la borrina el encuentro del río Eo con el Cantábrico. Mucho más cerca, la reconocible silueta del edificio de la Escuela Hispano Argentina, sede actual de la Casa del Agua, nos permite identificar  Bres.

Taramundi, Bres desde la ruta del Ouroso
Caminando entre pinares, disfrutando del alomado paisaje, parando de trecho en trecho para contemplar las vistas que cada poco aparecen en los claros del arbolado, llegamos a un rellano cubierto de brezales donde se localiza una charca, «laguna» según la señal anunciadora del pequeño desvío, que sirve de abrevadero a los caballos que suelen campear por la zona.

Taramundi, charca en la ruta del Ouroso
Hemos salvado la mayor parte de la pendiente. Estamos a unos mil metros de altura y a partir de aquí el desnivel es más suave. Proseguimos nuestra andadura entre pinares, aunque los de ahora tienen un porte diferente: son pinos silvestres que muestran una  mayor resistencia a las heladas, razón por la cual ha sido  la especie elegida para repoblar la Sierra de Ouroso.

A nuestras espaldas, por encima de la línea de pinares y tras las lomas más próximas, se dibujan las suaves ondulaciones del relieve lucense.

Taramundi, vista de la zona occidental del concejo desde la ruta del Ouroso
Como quiera que la distancia a recorrer desde la laguna hasta el alto es de unos mil trescientos metros, no tardamos en divisar la cima del Ouroso a nuestra izquierda. La caseta de la guardería forestal allí instalada nos servirá de referencia. Poco antes de llegar, el camino desemboca en una zona abierta, un mirador orientado hacia el sur, que nos permite echar la vista a lo lejos, hasta la Sierra de Ancares. Cerca del último repecho que nos conduce hasta el alto, contemplamos las inmediaciones de La Garganta,  puerta de acceso a  Oscos.

Taramundi, vista de las inmediaciones del puerto de La Garganta
Recorremos el pequeño trecho que nos separa  del vértice geodésico y alcanzamos la cima del Ouroso que se encuentra situada a 1031 metros de altura. 

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lunes

Casa Poli: una buena referencia en la zona oriental

Llanes, Puertas de Vidiago, Casa PoliSenderismo, gastronomía, naturaleza, arte, paisajes...  son algunos de los tesoros que nos aguardan en cualquiera de los pliegues  que se han dibujado en el mapa de la tierra astur. Aunque no hace falta esforzarse mucho para dar con  ellos, los más avariciosos, esos que nunca se cansan de disfrutar Asturias, intentarán tenerlo todo, tener un día completo:  caminar por un lugar precioso, contemplar unas impresionantes vistas y saborear los manjares de la tierra.

Pues bien, para quienes tengan pensado disfrutar de uno de estos días por el concejo de Llanes, darse una vuelta por la villa llanisca, admirar las rojizas pinturas de Peña Tú, caminar por la sierra de la Borbolla o recorrer el sendero que enlaza Pendueles con la playa de Andrín, que sepan que en las proximidades cuentan con Casa Poli, una buena referencia para comer bien a precios razonables.




  Casa Poli

Puertas de Vidiago (ver mapa)
Llanes
Teléfonos: 985 411 217


La apuesta por lo tradicional es una de las señas de identidad de esta casa de comidas y eso se nota.  Basta traspasar el portón de entrada a esta casa tradicional asturiana, construida en la primera mitad del siglo XIX y sabiamente reconstruida hace un par de décadas: alrededor de un patio central se articulan diversas edificaciones que en otro tiempo desempeñaron las funciones propias de la actividad agrícola y ganadera a la que se dedicaban sus moradores, y en las que ahora se ubican comedores y cocinas.

Llanes, Puertas de Vidiago, Casa Poli Llanes, Puertas de Vidiago, Casa Poli

Pero el gusto por lo tradicional no se limita tan sólo al edificio, sino que también está presente en las propuestas de su carta, repleta de sabores tradicionales: empezando por los embutidos caseros de cerdo, jabalí o ciervo; siguiendo por las Croquetas de jamón o las de cabrales (suaves y deliciosas), la Tabla de quesos de la zona, las Anchoas de Llanes o el resto de sugerentes raciones que allí encontramos.

Llanes, Puertas de Vidiago, Casa Poli
Si de lo que se trata es de platos más contundentes, no faltan los Callos de la casa, el Entrecot o los Escalopines al cabrales o la Merluza a la sidra. Mención especial merecen los denominados Platos típicos, entre los que encontramos la Sopa de hígado, la Fabada, un apetitoso Lomo asado con puré de manzana  o un tentador plato de Tortos de maíz, huevos fritos y picadillo

¡Ah! Como no podía ser de otra forma en una casa de comidas que tiene lo tradicional como signo distintivo, todos estos platos se pueden acompañar con una buena sidra.


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OTROS ENLACES REFERIDOS A GASTRONOMÍA


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domingo

Os Teixois: los ingenios del agua

Taramundi, Os Teixois, vistaHubo un tiempo en el cual nuestra especie vivía en paz con la Naturaleza. La observaba y conocía. Sabía de sus bondades y de su furia.  Por eso usaba con prudencia y tino lo que ésta le brindaba,  cuidando de no alterar sus ciclos, de no provocar su ira.

En una tierra como la asturiana, donde el agua manaba en abundancia,  tan sólo hubo que esperar a que el ingenio de nuestros antecesores ideara la manera de encauzar su fuerza.  Y así surgieron por la Asturias centenaria molinos, mazos, batanes  y otros ingenios movidos por la  fuerza del agua corriente sabiamente utilizada.

Muchos de estos artilugios se los ha llevado el viento de la ignorancia. Por suerte, algunos quedan. Los más son molinos, como hemos podido comprobar en alguno de los senderos que se dibujan al lado de nuestros ríos (Ruta de los molinos, en el concejo de Ribadesella; La cascada de Oneta, en el de Villayón...). Mayor fortuna aún supone contar con un conjunto de ingenios como los que se conservan en Os Teixois, una aldea del concejo de Taramundi, de cuya capital dista unos cinco kilómetros (ver mapa),  convertida en un auténtico museo, vivo e interactivo, donde podemos observar el funcionamiento de los artilugios allí existentes: mazo, batán, molino, rueda de afilar...

Taramundi, Os Teixois, vista general de la aldea
En la aldea de Os Teixois viven en la actualidad tres familias que ocupan algunas de las viviendas que en otro tiempo fueron morada de  afamados  ferreiros, que fabricaban aperos de labranza y otros utensilios de metal, entre los que destacaban los de corte, ya fueran cuchillos o navajas, bien apreciados tanto en la comarca como fuera de ella.

Las casas, situadas a la orilla del arroyo das Mestas cuyas aguas alimentan el conjunto, conservan el aspecto que debieron tener siglos atrás, con muros de mampostería y tejados de pizarra

Taramundi, Os Teixois, vista de la presa
En la presa (banzao), todo quietud. El agua, tranquila y mansa, se entretiene reflejando los bucólicos paisajes vestidos de verde y pizarra. De pronto, una compuerta  se abre y... ¡allá va! Acude presta a insuflar oxígeno a las brasas que languidecían en la fragua; a girar la piedra que amolará la hoja de la afamada navaja; a mover la piedra que mudará el grano de cereal  en harina y pan; a impulsar el pisón que abatana los paños para convertirlos en lucidos sayales; a acompasar el rítmico e incansable golpeteo del mazo sobre el metal...

Os Teixois, vista del molino
El agua entra en el infierno y comienza a mover las cazoletas o canxilones del rodezno, haciendo que éste gire a mayor o menor velocidad según sea la cantidad de agua. Arriba, en la sala de molienda, la muela o volandera, una piedra caliza de buen peso, gira sobre otra estática (frayón), convirtiendo en harina los granos de maíz que se encuentran entre ambas.

Os Teixois, rueda de metal Os Teixois, afilando utensilio


Si lo que toca es afilar cuchillos, navajas u otros utensilios de cortar, no hay más que conducir el agua hasta el lugar donde se encuentra la piedra. Se precipitará por el desnivel moviendo las aspas, el eje... y la piedra convertirá el metal romo en afilada herramienta de cuidar.

Consta que algunos de estos artilugios ya estaban en funcionamiento a mediados del siglo XVIII. Tiempos aquellos en que los campesinos sólo rompían su aislamiento si acudían a las ferias y mercados que de tanto en tanto se celebraban por la zona. El resto del año tocaba echar mano de lo que se producía, tanto en lo que tocaba a la alimentación como al vestido. No se contaba con un gran surtido donde elegir, pero sí que se podía conseguir que los tejidos fueran menos ásperos y burdos. Sólo era preciso que la fuerza del agua moviera unos mazos que golpearan una y otra vez las telas hasta convertirlas en preciadas estameñas o en lucidos sayales.

Taramundi, Os Teixois, batán
Dicen que en Asturias había por entonces unos doscientos batanes como el que se encuentra  en Os Teixois. Suerte tenemos de que haya llegado hasta nosotros; suerte de poder verlo en funcionamiento.

Os Teixois, fragua Os Teixois, llamarada en la fragua


De todos los artilugios que se conservan en Os Teixois, quizás sea la fragua el lugar donde se muestre de forma más patente el ingenio de sus moradores.Y no tanto por el mazo que, movido por la fuerza del agua,  golpea una y otra vez el metal incandescente para estirarlo y dejarlo listo para hacer herramientas, pues mazos había en otros lugares. No; lo que reviste carácter de singularidad a esta fragua es el sistema de alimentación de aire, pues no  utiliza el fuelle como sucede en la mayoría, sino un mecanismo que tiene al agua por protagonista: un tubo vertical toma agua de la presa; al estrecharse la conducción experimenta una bajada de presión que provoca una entrada de aire; al golpearse la mezcla contra el suelo, el aire se separa, llegando por unas aberturas hasta la base de la fragua...

Taramundi, Os Teixois, trabajando en la fragua
De pronto, las adormecidas brasas recobran su viveza; una ávida llamarada asciende hacia el techo desprendiendo chispeantes ascuas; la negra estancia se ilumina, al tiempo que  el metal comienza a teñirse de rojo fundente. No hay fuelle, sólo agua.

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