martes

Para disfrutar de las montañas del Paraíso

Recorriendo las montañas de AsturiasParece existir coincidencia en señalar la riqueza paisajística de Asturias como uno de sus principales atractivos, de ahí seguramente el éxito del ya clásico «Asturias paraíso natural». Sin remontarnos muy allá en el tiempo, ahí tenemos a Roberto Frasinelli, el Alemán de Corao, el cual, encandilado por la Montaña de Covadonga, desarrolló en la zona una intensa actividad montañera; o al conde de Saint- Saud y a Paul Labrouche, alpinistas franceses que a finales del XIX recorrieron los Picos de Europa de punta a punta, siendo los primeros en subir a alguna de sus cumbres más renombradas. Fue precisamente el temor a que sucediera lo mismo con el Urriellu, lo que impulsó a Pedro Pidal a acelerar sus planes, coronando, en compañía de Gregorio Pérez, el Cainejo, la mítica cima en el verano de 1904. Dos años después será el alpinista alemán Gustav Schulze quien lo consiga. A partir de entonces, el número de quienes intentan emular las hazañas de estos pioneros irá en progresivo aumento y ello será posible gracias a dos factores principales: por un lado, la implantación de la jornada de descanso obligatorio y, por otro, la creciente divulgación del naciente deporte que se realiza desde las páginas de periódicos y revistas.

Recorriendo las montañas de Asturias
En efecto, a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XX vamos a asistir al inicio de un irrefrenable proceso de popularización del montañismo que, por lo que respecta a Asturias, ha llegado a alcanzar unas cotas inimaginables por entonces no solo en el aspecto estrictamente deportivo, sino también en el económico, pues a nadie se le escapa que la montaña asturiana se ha convertido en uno de los principales atractivos del turismo regional. Algunas de nuestras rutas más emblemáticas, algunas de nuestras montañas más conocidas, y aún otras no tan conocidas, se encuentran hoy transitadas por numerosos visitantes atraídos por una oferta turística ligada a las actividades desarrolladas en el medio natural.

Recorriendo las montañas de AsturiasCreemos que no hace falta buscar muchas explicaciones para afirmar que el libro de montaña ha jugado un proceso muy importante en este proceso de popularización del montañismo. Y libros sobre las montañas de Asturias hay; y muy buenos. Algunos son ya clásicos, como 50 Excursiones selectas de la Montaña Asturiana, de José Luis Somoano y Erik Pérez, habitual en las mochilas de muchos montañeros. Otros, como el que os presentamos hoy aquí, una verdadera joya. Se trata de Recorriendo las montañas de Asturias, de Lorenzo Sánchez Velázquez.

Recorriendo las montañas de Asturias
¿Qué tiene este libro de especial? Basta con observar las imágenes que acompañan al texto para apreciar su cualidad más importante: las 196 fotografías panorámicas que se incluyen llevan superpuesto el nombre de los montes, valles, pueblos y demás accidentes geográficos que se divisan desde la cima de cada una de las montañas, para que el disfrute de las vistas sea mucho más completo.

Pero si el libro ya merecería la pena por las fotografías, además incluye toda la información necesaria para realizar cada una de las rutas propuestas, pues incluye datos de alturas, desniveles, perfiles, itinerarios, duración y dificultad, obtenidos mediante GPS y altímetro.





Segundo tomo

En enero de 2010 se publicó la primera parte, que incluía 40 rutas repartidas por toda la geografía asturiana dentro de los parques naturales regionales y del Parque nacional. Recorriendo las montañas de Asturias II completa el anterior con montañas emblemáticas que, por uno u otro motivo, no tuvieron cabida en el primero. Señalar que las grandes cimas de los parques naturales de Redes y Ponga se describen en sus páginas. Así, en Redes, encontraremos los picos Retriñón, Torres, Cantu l´Osu, Maciédome (Pandona), Tiatordos y Remelende; mientras que en Ponga están Peña Salón y la famosa pareja de Ten y Pileñes, entre otros.

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sábado

Queso Gamonéu: de la majada a la cueva

queso gamoneuLa climatología explica —en buena medida— el tipo de poblamiento disperso característico de la Asturias tradicional: la casería se construye al lado mismo de las tierras de cultivo para evitar los desplazamientos por unas caleyas que la lluvia y la nieve suele dejar intransitables. El invierno era tiempo de reclusión y autoabastecimiento. Al llegar las luces primaverales los pastores comienzan los preparativos para llevar vacas, caballos, ovejas y cabras a las verdes majadas salpicadas por cabañas dispersas y alguna que otra frondosa sombra.

En la soledad de la montaña, los pastores se afanan cada día en seguir fielmente el ritual de la leche: ordeño por la mañana, ordeño por la tarde, colado, mezclado y reposo, adición del cuajo, eliminación del suero, moldeado de la cuajada...
queso gamoneu, logo de la denominación de origen
Con ligeras variantes, con ligeros matices, en cada majada asturiana se repite el proceso y la rica leche de los verdes pastos se convierte, tras la oportuna maduración, en un queso parecido a otros y a la vez irrepetible: Cabrales, Beyos, Casín... Gamonéu, producido de forma artesanal por los pastores de los concejos de Onís y de Cangas de Onís.
Desde el año 2003 un Consejo Regulador garantiza que las piezas que llevan la etiqueta de la Denominación de Origen Protegida se han elaborado siguiendo las prácticas tradicionales de elaboración.

Aunque podemos encontrar alguna diferencia, que luego veremos, el Gamonéu es un queso graso, elaborado con leche de oveja, cabra y vaca, ligeramente ahumado.
Es blanco o blanco-amarillento con afloraciones verde-azuladas de Penicillium en el borde. En su corteza presenta un color siena tostado por efecto del ahumado.

queso gamoneu, corte de una pieza
La Denominación de Origen avala dos variedades: Gamonéu del Puerto y Gamonéu del Valle. La primera se elabora estacionalmente —de junio a septiembre— en cabañas de los Picos de Europa y es más difícil de conseguir por su limitada producción. La segunda se elabora en las zonas bajas de los dos concejos y se produce todo el año. Actualmente existen queserías en Cangas de Onís, Corao, Igena, Labra (concejo de Cangas de Onís); y Benia, La Robellada, Avín (concejo de Onís).


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OTROS ENLACES REFERIDOS A GASTRONOMÍA



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Una enamorada de Asturias

Parque de El Rinconín, escultura Solidaridad, al fondo casa de Rosario de AcuñaQuienes decidan prolongar su paseo más allá del gijonés Muro de San Lorenzo se encontrarán, casi sin darse cuenta, caminando al borde de los acantilados por una senda que les conducirá hasta el parque de la Providencia.

Tras recorrer unos centenares de metros llegamos a las inmediaciones de la que en su día fue la residencia de una enamorada de Asturias: Rosario de Acuña y Villanueva, una madrileña nacida el primer día del mes de noviembre de 1850 (y no un año después, como por error se señala en la placa que allí mandó instalar el Ayuntamiento de la ciudad), que quiso vivir y morir en una tierra que había empezado a conocer y a querer en su juventud, cuando hasta aquí llegaba para que sus malheridos ojos recibieran la salutífera caricia de la brisa marina. Gijón, casa de Rosario de Acuña, placaLuego volvió muchas veces para recorrerla de oeste a este y de norte a sur, a lomos de un caballo o a pie. En 1909 se instala en El Cervigón, en esta casa sobre el acantilado, y aquí vivirá hasta su muerte ocurrida el 5 de mayo de 1923 (para conocer más sobre la vida y obra de esta mujer enamorada de Asturias, pulsa aquí).

Hacia 1915, contando ya con sesenta y cinco años, realizó un viaje que partiendo de Gijón la llevó a recorrer buena parte del occidente de la región (con los actuales trazados podemos calcular que recorrió unos cuatrocientos kilómetros... ¡caminando!).

«Mi última expedición fue salir de aquí a pie y, por la costa, contorneándola, llegar a Ribadeo; subir a Villaodrid, trasmontar la sierra Bobia y entrar en los Oscos… ¡Qué Oscos! ¡Qué riqueza de tierra! ¡Hace un siglo se fundía el hierro de sus minas con leña de roble; es decir, había bosques tan seculares y espléndidos como pueden ser los de los trópicos; hoy casi todos los Oscos son un desierto; pero sus brezales soberbios, sus aliagas gigantescas, sus praderías de verde esmeralda, están diciéndoles a los hombres: ¿Qué hacéis, que no utilizáis los tesoros de mi fecundidad? Si los Oscos se cultivasen intensamente, si se replantasen sus bosques, antes de veinte años toda aquella región sería un río de oro…

grabado de Rosario de Acuña»Por las sierras de Salime, bajando y subiendo aquellas agrias cuestas, donde medí un castaño que tenía once metros de circunferencia a la mitad de su tronco, ascendí la sierra de Rañadoiro, el fantástico cordal que permitía, sin vadear su río, llevar el oro de sus minas por la cumbre hasta los puertos de Navia y Luarca, labor que hicieron, primero los romanos, después, los árabes: ¡Bien se conoce en las escondidas aldeas de la región la influencia legendaria de aquellos pueblos!, por todas partes se habla de ninfas, odaliscas, dueñas de un poder soberano, repartidoras de tesoros escondidos en grutas, en bosques; por todas partes se habla del encantamiento de pepitas de oro, convertidas en polvo por no obedecer o por no amar o por no ser valientes y abnegados.

»Sierra de Rañadoiro, río de oro, vega de oiro, cuesta de oiro ¿qué riquezas inexploradas guardan aquellas montañas abruptas, dislocadas por derrumbamientos ciclópeos? Aquellos regatos de agua cristalina que serpentean por cañadas inverosímiles de escabrosas, ¿de dónde arrancan sus arenas de oro que esmaltan el lecho del Sil como constelaciones descubridoras de los tesoros que encierran los cordales del macizo de Fonsagrada, del nudo montañoso, abruptísimo, que forma por un lado los Oscos y por el otro lado El Bierzo?

»Por Grandas de Salime salí a Tineo, atravesando el puerto del Palo, y luego, por la Espina, a Salas, Grado y aquí; unos cuantos de leguas (las tengo consignadas en mis apuntes de viaje, que no tengo a la vista).

»Leitariegos, con sus asombrosas bajadas a Caboalles, y luego toda la ribera del Sil, desde su nacimiento en el Miño, fue también recorrido por mí en otras expediciones.

»El Nalón, desde sus fuentes principales, en las heleras majestuosas de la Nalona, hasta el deslumbrante panorama de su desembocadura en el Soto del Barco. Después las altísimas cumbres de toda la cordillera cántabra. Peña Ubiña, los picos de Mampodre (2.300 metros), cuyo último y más alto bloque fue escalado Rosario de Acuña,grabadopor mí a gatas. Las Brañas, de esmeraldino y dorado heno, adonde acuden los ganados merinos de Andalucía y Extremadura. Los Picos de Europa, que dominé en Torrecerredo, El Evangelista, La Silla del Caballo, habiéndome quedado incólume el Naranco de Bulnes, por ser insuperable a mis fuerzas su escalamiento. Luego los puertos de San Isidro, Tarna, Ventaniella, haciendo noche en sus cumbres, oyendo el aullar de los lobos a pocos pasos de mi campamento; espiritualizándose mi alma en contemplaciones ultraterrenas, rodeada de aquel silencio incomparable, entre los grandes neveros, en cuya diáfana superficie se reflejaban los lejanos soles que allá, en la infinitud del espacio, me abrían la misteriosa ruta de la eternidad, toda ella llena de promesas de Justicia y Amor, aquí abajo imposibles, como el aullar de las carniceras fieras me lo avisaba.»


                 ASTURIAS
Altas cumbres abruptas, coronadas
por el cendal de inmaculada nieve;
prados cercados de florida sebe;
maizales, viñedos, pomaradas.

Tupidísimas selvas intrincadas
donde el sol ni a penetrar se atreve;
regatos limpios de corriente leve
y ríos que descienden en cascadas.

¿Quién podrá descifrar tanta belleza
que Asturias toda guarda en sus rincones?
¡Cuando el hombre se libre de locuras

y odie al odio, y encauce las pasiones,
podrá vivir la vida de venturas
que ofrece una región con tales dones!

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(Pulsa aquí, si deseas conocer algo más de la vida y obra de doña Rosario de Acuña y Villanueva).

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